El culpable

Foto: miguelgomezmartinez.com

Por: Miguel Gómez Martínez


La justicia alcanzó a Bernardo Miguel Elías Vidal, más conocido como el Ñoño, gran exponente de la política clientelista y corrupta de Colombia. Es hijo de Bernardo Elías Náder y sobrino del exgobernador y exsenador Jorge Ramón Elías Náder quien fuera presidente del Senado y vinculado al proceso 8000. Sus credenciales políticas lo convirtieron en un mito. Poco visible en sus labores legislativas pero muy activo en los corredores del poder, logró acumular una inmensa influencia en el gobierno Santos. Numerosos son los eventos en los que el presidente se mostró públicamente con el Ñoño, recibiendo su apoyo político a cambio de jugosas partidas presupuestales y contractuales.

Pero el Ñoño, que posaba de zorro, no sabía con quién se estaba metiendo. Hoy enfrenta un número de acusaciones que buscan presentarlo como el máximo responsable del escándalo de Odebrecht. Es claro que el Ñoño será el único culpable de ese entramado de vínculos entre la multinacional brasileña y las altas esferas del poder en Colombia. El gobierno y la Fiscalía tienen interés en demostrar que este un asunto de corrupción promovido por parlamentarios y que los funcionarios de Santos no tienen nada que ver en ello. La idea es limitar la investigación al Congreso para poder cubrir a la campaña presidencial de Santos y a sus cercanos colaboradores que también recibieron recursos sucios.

Es este país de fariseos, los medios corren a cubrirle la espalda al gobierno pues les interesa limitar el escándalo que llega a la cima del poder. Ñoño es ideal para este propósito pues nadie lo defiende porque saben que su poder provenía de caminar en el filo de la navaja de la legalidad. Está condenado antes de ser escuchado en jucio porque a todos les conviene una sentencia ejemplarizante en su caso. Por ello, desde Palacio, se le hace eco a todas la denuncias que eran bien conocidas por el gobierno contra sus actuaciones. Otros políticos también serán perseguidos para calmar a la opinión pública hastiada, hasta más no poder, con la corrupción del gobierno Santos.

El Ñoño podría defenderse contando la verdad. Pero no lo hará porque sabe que mientras menos hable más suave será su condena. Será fiel a la ley de los bandidos y guardará silencio. Asumirá su papel de único responsable para que el régimen, que tanto conoce y del que tanto se ha beneficiado, no sufra mayormente.

Como me dijo un parlamentario: “al Ñoño se lo van clavar”.

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