Insultos y amenazas

Foto: miguelgomezmartinez.com

Por: Miguel Gómez Martínez


Nací en el Frente Nacional, tan atacado y vilipendiado por los politólogos que no quieren reconocer que ha sido el acuerdo de paz más exitoso de nuestra historia. A pesar de que había diferencias entre liberales y conservadores, el clima de respeto y tolerancia era la constante de la sociedad. Cuando había elecciones las diferencias entre los partidos se agudizaban pero luego regresaban a su nivel de normalidad. Convendría recordar que, si bien lo partidos de izquierda no participaban en la alternación, eran legales.

Terminado el Frente Nacional en 1974, la vida política mantuvo el mismo tono. Hoy se quiere afirmar que ese sistema político colombiano excluía a la inmensa mayoría de la opinión y que por ello la guerrilla se justificaba. Nada es más contrario a la realidad histórica que hoy se intenta deformar. Que los colombianos no participaban- como hoy todavía no lo hacen- en las elecciones es producto de su baja cultura política y del rechazo que muchos de ellos tienen con la forma como, ayer y hoy, se hace política. Nuestra democracia no era perfecta y sin duda tenía limitaciones. Pero Colombia era una democracia pacífica donde las diferencias ideológicas estaban en el marco del estado de derecho.

Hoy la política es sinónimo de polarización, división, insulto y amenazas. Si en algo el gobierno de Santos es único es que ha presidido la mayor polarización de la opinión pública desde la época de la violencia. Este fenómeno tiene varios puntos críticos. El primero y el más grave fue la traición de Santos a la Seguridad Democrática en cuyas banderas se hizo elegir. Para quienes votamos creyendo en su discurso, la decepción fue enorme. La idea de que se había abusado de la confianza de millones de electores fue la semilla de las divisiones actuales.

Después vino la negociación secreta en la cual se rompieron todos los límites del estado de derecho en virtud de la paz. La reelección de Santos fue marcada por una serie de abusos del poder, financiamientos oscuros y sorprendentes resultados electorales que dejaron la impresión de falta de transparencia. La ilegitimidad de esa elección quedó confirmada por los escándalos recientes. Y luego hubo el desconocimiento del resultado del referendo sobre el acuerdo de paz.

Santos, apoyado por su control absoluto de la prensa, las cortes y el Congreso ha abusado como ningún otro mandatario del poder. Las encuestas confirman la impopularidad de quien únicamente tiene el apoyo de 1 de cada 7 colombianos. El país está polarizado, pero los bandos no son equivalentes.

Yo recuerdo con añoranza cuando se hablaba de política sin tensión. Santos acabó con esa tradición que nos permitió evitar los gobiernos militares que asolaron a América Latina. Ése es su peor legado para la historia.

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