Las enseñanzas del papa en Colombia

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EDITORIAL

La humildad es un elemento del que carecen fácilmente los colombianos. Siempre se está en la búsqueda de crecer y crecer en niveles superficiales y económicos para luego mirar por encima del hombro a los demás.


Una de las primeras enseñanzas que el papa le deja a Colombia es la sencillez; como el máximo jerarca de la religión más importante del mundo se puede montar en vehículos normales, pequeños, no costosos y del común. Él mismo los pide, exige que no sea nada lujoso y siempre desea ir adelante con el conductor. No necesita de numerosas armas a su alrededor para “protegerse” y siempre busca estar cerca de las personas. Mientras tanto en Colombia, tenemos nuestros honorables congresistas que no caben en una Toyota Prado último modelo, y piden dos y tres camionetas más blindadas, además de motos de la Policía que los escolten. Hay que pagarles tiquetes en clase ejecutiva a ellos y a sus asistentes, y alimentarles el ego cuando se les necesita decir algo.

Como ese ejemplo, podemos encontrar muchos más en el sector del gobierno, pasando por una cantidad de puestos innombrables con una parafernalia supremamente costosa para el erario público. A la iglesia también le toca en este viaje algo, y es ese mensaje a tanto sacerdote ostentoso, que se cree dueño de su parroquia y tiene una vida de lujos. Exigen bodas suntuosas para poder oficiar la misa y cobran “donaciones” bastante elevadas para poder separar una iglesia. Nada más distante a lo que pide y sugiere el papa Francisco.

Acá los jóvenes tienen una gran responsabilidad: ser las semillas del cambio con la esperanza intacta y con la iniciativa propia inquebrantable. Ellos tienen que originar el cambio y dar enseñanza a los adultos. Pensar en grande, perseguir sus sueños y ser personas justas con los demás. Los adultos en propiedad deben encabezar la regulación de actividades que están atentando contra nuestra sociedad y los valores que aunque pocos, aún se conservan. Las autoridades, el poder, los políticos; ¡Ah, que responsabilidad tienen!, si no cambian ya todo se irá al trasto, y en ese camino estamos.

Pedimos cambios pero no somos pioneros en hacerlo; elegimos mal en las elecciones, no tomamos buenas decisiones, no somos tolerantes, tampoco responsables y menos coherentes. Esperamos que con esta visita en Colombia renazca la esperanza, la fe y las convicciones. No nos quedemos con el recuerdo de que fuimos un país serio y organizado durante cinco días por que teníamos visita. Actuemos como un país grande.

 

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