Más allá de la contaminación en Medellín y su área Metropolitana

EDITORIAL

Las medidas adoptadas son evidentemente drásticas y rigurosas, sin embargo es realmente necesario analizar la efectividad de estas a largo tiempo.


El año 2016 fue el primero que puso a pensar a la ciudad y a todos los demás municipios del Área Metropilitana en el asunto de la contaminación, y que este era un problema serio que requería la atención de las autoridades y de la opinión pública en general.

Primera pregunta necesaria: ¿desde qué año se estaban registrando las altas contaminaciones en toda el Área Metropolitana? ¿Por qué no se había hablado de esto en las alcaldías de Aníbal Gaviria y Alonso Salazar? ¿Por qué la anterior administración del Área Metropolitana, que estuvo bajo la dirección de Carlos Mario Montoya Serna, no hizo los controles necesarios a las emisiones tan grandes de contaminación por parte de volquetas, buses, camiones, motos, industrias y vehículos sin revisiones técnico-mecánicas?

Teniendo en cuenta que las responsabilidades recaen sobre las mencionadas administraciones de su momento vale la pena preguntar si el fenómeno de la contaminación se ocultó durante estos años. Porque no nos podemos llamar a mentiras y decir que ahora en el 2017 nos vinimos a dar cuenta de la cantidad de carros, motos, vehículos en general, e industrias que contaminan. No. Esto tiene que venir de hace mucho tiempo y merece la pena encontrar esos registros históricos.

El SIATA, un sistema de alerta temprana que tiene la ciudad en buena hora, y que nos permite conocer la calidad del aire en distintos puntos del Área Metropolitana ha sido la herramienta principal para identificar en qué momentos del tiempo la contaminación está en amarillo, naranja o rojo, cosa que también tiene que entrar en un debate científico profundo, pues no se explica y no se entiende por qué en otros meses del año, como por ejemplo entre junio y diciembre, que circula una cantidad similar de automotores y siguen las mismas industrias no se presentan estos fenómenos, pues hoy tenemos cielos completamente claros y nítidos.

¿Cómo afecta el fenómeno climático real de tiempo seco, lluvioso, de nubosidad, de verano, incluso de primavera de la ciudad de Medellín? ¿Cómo estos factores influyen para que la neblina, calina o nubosidad  se eleven y se evacúen rápido de todo este valle? Creemos que es necesario adelantar este estudio para que no nos quedemos en lo provisional o en lo primario de decir solo que hay contaminación y hay que guardar los carros, y nos organizamos en cinco o siete días. No. Medellín tiene que contar con la información suficiente técnica, científica y responsable que le permita adoptar medidas eficaces, justas, equitativas y sobre todo que vayan en pro del bienestar del medio ambiente y de todos los ciudadanos. No se puede permitir que cada año nos sigan cogiendo con los pantalones abajo y se tomen medidas al vaivén o al sentir de la opinión pública.

Si según el Área Metropolitana y la Alcaldía los vehículos particulares solo contaminan el 6%, ¿por qué son los más afectados con las medidas?, ¿si las motos son los agentes que más contaminan por la que hay por qué no se les establece desde ya un control en el número de motocicletas que circulan en el Área Metropolitana? Un estudio de estas mismas entidades afirma que en el 2020 habrá una moto por cada habitante. El crecimiento de este automotor es absolutamente desbordado y descontrolado que hoy tiene a muchos ciudadanos respirando un aire mucho menos saludable. Y es que claro, una moto que dos millones de pesos va a ser per se mucho más contaminante que una moto de ocho o doce millones de pesos.

La cifra que se conoció el año pasado es preocupante, y es que las motos son más del 60% del parque automotor de Medellín y son el agente que no paga peajes, al mismo tiempo es el vehículo en el que más se cometen y provocan accidentes. También mencionando las cifras de ilegalidad que están relacionadas con las motos como los robos y los asesinatos que se han registrado en la ciudad. Pero el tema de seguridad no es asunto de análisis en este editorial pero vale la pena comentar acerca de esto sucintamente, de lo que hoy representan las motos para la ciudad de Medellín. Solamente el año pasado se vendieron más de 820.000 motocicletas en toda Colombia, y esto está teniendo un efecto directo en la contaminación de la ciudad.

Los camiones, volquetas y buses, uno de los sectores más criticados por las personas que han entrado a debatir en el pico y placa ambiental es definitivamente la realidad innegable de que hoy la mayoría de buses que circulan en toda el Área Metropolitana son vehículos viejos, mal presentados, contaminantes muchas veces conducidos por personas imprudentes que no respetan las normas en la vía, y fuera de eso un transporte público desorganizado. La apuesta de la Alcaldía por el TPM ha demostrado con creces que es insuficiente, en los últimos controles que se hicieron se demostró que más de un bus del citado TPM está con graves índices de contaminación, y confirma que lo que se hizo fue pintar buses viejos y presentarlos como el nuevo sistema de transporte público de Medellín, lo que es un error, por lo que también, como el tema de las motos, merece la pena revisarlo.

Es necesario reorganizar la industria y replantear la salida de muchas fuentes móviles de emisiones de dióxido de carbono que hay en la ciudad que tienen que salir del Área Metropolitana no solo para darle paso a nuevos proyectos de vivienda sino para crear pulmones verdes que hoy Medellín requiere de ellos, y es necesario que las industrias cuenten con salida tranquila, transparente y acompañada para otras zonas del territorio antioqueño.

En tal virtud, si Medellín va a tener casi tres millones de motos en el 2020, no se hacen controles a buses, camiones y volquetas durante todo el año (no solo cuando se produzca el fenómeno de la contaminación), además de no convertir el sistema de transporte público en uno que sea cien por ciento público, como lo dice su nombre, en la administración poco o nada se va a avanzar en tener una ciudad con mejores índices de calidad en su aire.

Sabemos que es molesto, sabemos que es perjudicial, quisiéramos no tener que hablar de esto pero hoy Medellín por sus condiciones topográficas y realidades tiene que empezar a analizar a profundidad los topes de circulación, como el número de motos que se va a permitir que circule en dicha ciudad y su Área Metropolitana, igualmente con el número de taxis y particulares, porque también es un desface que en una casa existan cuatro carros cuando esto va en contra del desarrollo íntegro de la ciudad y en cuanto a que Medellín pueda soportar todo el parque vial ante las posibilidades que genera su topografía.

Por último,  los esfuerzos del alcalde Federico Gutiérrez son muy loables y también necesarios, pero sí es bueno que se dé la pelea de una vez por todas para que Medellín tenga un verdadero sistema de transporte público donde se construyan nuevas líneas de Metrocable, y se piense seriamente en ampliar el Metro como tal en donde se replanteen los sistemas de transporte hoy en la ciudad y donde nos pongamos todos en el papel de cuidar el medio ambiente para así poder establecer cómo controlar a los que más contaminan, y no perjudicar a los que menos contaminan afectando así la productividad, competitividad y el empleo en toda el Área Metropolitana.

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