Que vergüenza

Por: Cecilia López Montano. 

Con frecuencia, los habitantes de la Región Caribe se lamentan de las acusaciones que se les hacen sobre los niveles de corrupción que afectan la honra de esta parte del país. Pero resulta, por razones que no son fáciles de entender y menos de explicar, que nosotros los caribeños hacemos grandes esfuerzos por ganarnos semejante descalificación.

Claro que el país se encuentra en medio de la revelación impresionante del escándalo de Odebrecht, y que ojalá no se detenga, a ver si algún día esta sociedad se reconoce como transparente. Pero a pesar de aceptar que este es un mal nacional, no podemos ignorar algo que realmente nos debe dar vergüenza. El escándalo de Odebrecht es sin duda el más escabroso que viven muchos países latinoamericanos y algunos africanos. Esta empresa de origen brasilero es la más grande multinacional del soborno que se ha construido en la historia de la región. Y el consuelo tonto, es que aquí estos delitos valen menos que los repartidos por esta empresa en otros países vecinos. Se afirma que logró desarrollar esquemas de administración tan novedosos que nadie conocía el nombre del otro, así estuvieran metidos en el mismo atraco a los recursos públicos de un mismo país.

La vergüenza nace del grueso de los investigados y presos hasta ahora los cuales pertenecen precisamente a la Región Caribe, y Cartagena se identifica como el centro de este escándalo. Sin embargo, el problema no termina ahí. Lo más grave es que son precisamente hombres pertenecientes a sectores más pudientes los que han demostrado una capacidad delictiva sorprendente. Pero hay más. Como si manejar 6,5 millones de dólares fuera cualquier bicoca, nadie se dio cuenta del enriquecimiento sorpresivo del ex vice García o la salida de la quiebra de los hermanos Ghisays. Por ello, este sentimiento que debería embargarnos no se limita a que las cabezas de semejante delito sean costeños, sino que, pertenecen a un círculo reducido y privilegiado donde todos se conocen.

Barranquilla no está libre de pecado, y es necesario que se sepa la verdad del caso de Navelena, de sus socios y de sus relaciones con políticos, cuyos nombres ya empiezan a aparecer. Para no hablar del señor Bula, un desconocido para muchos, multimillonario de manera poco transparente que se movió como pez en el agua en altos niveles de decisión nacional y regional. También se siguen reconociendo otros nombres muy activos del Caribe colombiano, y están empezando a destaparse ilustres señorones de otras partes del país.

Por el bien de nuestra región, no empecemos a buscar excusas sobre estos comportamientos de personas educadas, que han tenido el privilegio de pertenecer a sectores privilegiados en ciudades donde la pobreza predomina. Por el bien del Caribe, es hora de reflexionar seriamente, a ver si logramos entender dónde y cómo se perdieron los valores que nos orgullecían, para que la honradez y no el dinero sea lo que se valore.

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