Sin tren no hay desarrollo

Foto: Miguelgomezmartinez.com

Por: Miguel Gómez Martínez


Una de las primeras canciones que recuerdo haber aprendido es esa bella que dice que Santa Marta tiene tren, pero no tiene tranvía. Cuando era pequeño existía el tren del Sol, que llegaba a Santa Marta desde la estación de La Sabana. La canción me sigue pareciendo una linda tonada, y averigüé que fue compuesta por un músico de finales del siglo XIX llamado Manuel Medina Moscote. La primera vez que la grabaron fue en Argentina y, como muchas otras canciones, la versión que la hizo inolvidable es la del inmortal Lucho Bermúdez en 1946.

Cuando a un niño europeo le dicen que haga un dibujo, traza las montañas, el sol, la casita con la chimenea que sale humo, unos arbolitos y… un tren. En Europa y en cualquier país avanzado, el tren forma parte del paisaje. En Colombia es un artefacto exótico. En la inmensa mayoría de las regiones del país, no han visto nunca un tren, lo que es señal de nuestro subdesarrollo. ¡Prueba del desfase de comunicación, el gobierno Santos escogió como símbolo de los ejes de su política económica el concepto de ‘locomotora’, en un país que no tiene tren!

La historia del desarrollo económico de Colombia de finales del siglo XIX y principios del XX es el esfuerzo titánico del país por integrar una red de ferrocarriles. Y a pesar de nuestra pobreza, lo logramos. En el Frente Nacional, los Ferrocarriles Nacionales fueron entregados a la politiquería que le cedió al sindicato todas sus peticiones hasta que el modelo resultó inviable en 1991. Los grandes zares del transporte por carretera han hecho todo lo posible para que el tren no resucite y han sido exitosos. Los únicos ferrocarriles que operan hoy son privados y llevan el carbón de las minas a los puertos del Caribe. Para el resto de los colombianos, el tren no existe.

La Asociación de Ingenieros Ferroviarios de Colombia (AFIC) ha intentado que la hoy cuestionada Agencia Nacional de Infraestructura incluya entre sus prioridades de inversión la recuperación de la red férrea. Haber aportado únicamente al desarrollo de la red vial ha sido un gran error histórico. Hemos perdido billones de pesos de inversión en carreteras insuficientes que no podemos mantener. Los contratos de estas obras han sido de los mayores escándalos de corrupción, verdaderos ejemplos de ausencia de planeación y deficiente ejecución.

Hay que reivindicar la importancia del tren para el desarrollo. Colombia transporta toda su carga pesada por camión, lo que es improductivo y destruye nuestras vías terrestres. No es posible, con nuestra geografía y geología, someter la red de carreteras al transporte de toda la carga del país. Aquello que es pesado, cemento, acero, café, petróleo, carbón, arroz debería trasladarse por tren, como lo hacen los países desarrollados.

Claro, Colombia tiene restricciones por sus impresionantes montañas, pero hay trayectos que son posibles y que traerían mucho progreso. El tren permitiría, por ejemplo, integrar la costa atlántica desde La Guajira hasta el Urabá. Las vertientes del Magdalena y el Cauca son corredores férreos que unirían el centro con el norte del país. El piedemonte llanero podría tener otro corredor desde Putumayo hasta Arauca.

Sin tren es difícil que un país se desarrolle.

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