El último año de Santos

EDITORIAL


El presidente tendrá la libertad de estar por fuera de la arena política en un buen porcentaje, de no estar tan prisionero del Gobierno venezolano, y podrá dedicarse inclusive, a tratar de mostrar las obras de su gobierno, en busca de una terminación de su mandato más favorable.

Santos ha tenido el sol de espaldas en sus últimos cinco años de Gobierno, de siete que lleva, y es que en este periodo se han caído en errores, infantiles algunos, y de simple tacto en otros. En varias ocasiones la lógica le ha pasado cuentas de cobro muy duras.

Una evidente e innegable desconexión con las regiones del país, un modelo de Gobierno muy centralista, una continua pelea con su antecesor, el expresidente Álvaro Uribe Vélez, lo que también ha ocasionado una polarización en Colombia, y fuera de eso, sufrió y no ha sabido manejar bien los efectos de una crisis económica que tampoco se puede negar.

Cuando reiteramos en esta línea que hay cosas que no se pueden negar, es porque ese ha sido uno de los errores del presidente Santos, negar lo que es real, y peor aún, no atacarlo.

Partiendo de un cliché que no debería servir para la mediocridad, sino para tratar de entender con contexto las situaciones, ningún Gobierno es perfecto, y todos tienen una cantidad de errores muy significativos, pero en lo esencial, hay unos servicios, bienes y condiciones básicas que las personas deberían tener, y que a partir de eso ya hay un bienestar garantizado y un resto de puntos muy incompletos, suspendidos o en trámite que tiene que ser atendidos en lo largo de ese periodo de Gobierno

Al presidente Santos se le cobra en gran porcentaje esa apuesta por el Proceso de Paz y desde este medio, nosotros lanzamos de manera consciente y con el ánimo de aportar al sano debate, una proposición en la cual miremos desmenuzadamente qué significa un Proceso de estos con las Farc para Colombia.

Santos se jugó su capital político con los acuerdos, ganó su reelección con ellos, pero hoy su baja favorabilidad, en parte, también se debe a esas negociaciones. Primero, el error fue creer que Colombia es Suiza o Noruega, donde todos tienen la vida solucionada y donde hacer la paz con un grupo guerrillero solamente va a suscribirse a un ambiente positivo y favorable. Quizá, hacer un proceso de paz en esos países que mencionamos hubiese sido totalmente exitoso, popular y anhelado por los ciudadanos. El problema de Colombia no fue hacerlo, sino la forma en que se hizo, pues se agregó más peso a la balanza de la descompensación que tiene Colombia.

Vamos a partir de ejemplos muy fundamentales para que nuestros apreciados lectores nos comprendan:

Si tenemos una persona que vende paletas, que tiene una tienda o que sencillamente trabaja en un almacén, 6 días a la semana, con las jornadas de trabajo máximas permitidas y lo hace porque su deseo es trabajar bajo el amparo de la legalidad, hacer las cosas dentro de la ley, el derecho y la justicia, pues no se entiende que se le de absolutamente todo, y cuando hablamos de un todo lo hacemos con la mayor objetividad, un paquete de exenciones, beneficios e incluso premios a las Farc.

Son personas que delinquieron durante más de 50 años y no les pasará nada, les darán subsidios, sueldos, servicios y bienes que otras personas, como el vendedor de paletas o la trabajadora de un almacén, saben que difícilmente lo van a tener. En los rangos más altos, serán congresistas con escoltas.

Cuando se pone eso al frente de las humildes personas que mencionamos en el ejemplo, encontramos un gran desequilibrio, un mensaje que no es claro para una persona del común y corriente, pues se van a preguntar, ¿por qué el que estuvo en la ilegalidad tiene todo por lo que he trabajado y no he podido alcanzar yo legalmente?.

Esa es la única razón por la cual Santos perdió el plebiscito y por la cual hacer la paz no fue popular en Colombia. No es que la paz no sea buena, es la forma por lo que estuvo mal concebida.

En conclusión, el presidente Santos ha hecho cosas muy buenas por Colombia en distintos sectores, y uno de ellos tiene que ver con la inversión social, la reducción de la desigualdad y la pobreza extrema, la inversión en infraestructura, el desarrollo de programas bajo la tutela del Ministerio TIC y fuera de eso, una tarea internacional respetable con asuntos como retiros de visas, mantener en cierta parte las buenas calificaciones del país ante las calificadoras económicas y tener un país que, aunque viene pasando afugias venía sostenido hasta el año 2014.

Ahora, la Reforma Tributaria, otra cosa que para todo presidente es impopular pero que Santos se la pudo haber ahorrado, pero el ministro de Hacienda responde que si se las hubiera ahorrado estaríamos peor.

Nosotros nos remitiríamos a un estudio publicado por un docente Luis Guillermo Vélez Álvarez de la Universidad Eafit, antes de ser aprobada la Reforma, con el ánimo de ser escuchado. Allí él realiza una clara exposición de cómo el Estado se puede ahorrar esa reforma, cómo recaudar más impuestos y el país pudiera seguir avanzando por un sendo camino de triunfo económico. Pero la solución fue la más básica, aumentar impuestos, sin reducir gasto público, ni suprimir entidades, gerencias, direcciones, secretarías e incluso ministerios que hoy pueden trabajar bajo el amparo de otro. No se redujo los gastos administrativos de presidencia, las comitivas en aviones privados en clase ejecutiva, entre otros, cosas que se podrían haber ahorrado, por ejemplo metiendo regla en el Congreso de la República, que es un gran pasivo de nuestra economía.

El presidente Santos  tiene un año para mostrar lo que hizo, para tratar también de encontrar paz con sectores los cuales ha tenido conflictos, reconocer los errores que ha tenido y generar un ambiente más favorable, pacífico y positivo para Colombia, pues la realidad, por las aguas por las que navegamos son turbias y agrestes que posiblemente lleven el barco a un despeñadero.

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