Aunque aún faltan varios meses para que termine el 2025, desde ya mucho comienzan a preguntarse cómo será el aumento del salario mínimo 2026. Para tener un panorama claro, hay que tener en cuenta un dato clave: la inflación esperada al cierre de 2025.
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Si el Índice de Precios al Consumidor (IPC) se consolida en torno al 4,4 %, como prevé el Banco de la República, el ajuste salarial deberá compensar la pérdida de poder adquisitivo sin frenar la recuperación económica. El Emisor mantiene su meta de inflación en 3%, lo que marca el camino de la discusión entre Gobierno, empresas y sindicatos para el aumento salarial del próximo año.
Por qué la inflación condiciona el salario mínimo
La primera variable de la fórmula es la inflación causada: el Gobierno no puede decretar un aumento inferior a ese indicador. Con una meta del 3 % y una proyección de 4,4 %, cualquier incremento real tendría que ubicarse por encima de la banda de 4,4 %–6 %.
Además, la inflación anual se moderó a 5,22 % en enero de 2025, según el DANE, confirmando la tendencia descendente pero todavía por encima del objetivo. Este contexto obliga a balancear la indexación salarial con la estabilidad de precios.
Escenario base: proyecciones oficiales y privadas
El Banco de la República estima una inflación de 4,4 % para diciembre de 2025 y de 3 % para 2026. La Encuesta de Analistas del Emisor elevó la previsión a 4,8 %, mientras que BBVA Research calcula que el índice cerrará en 3,8 % gracias a la desaceleración de precios de alimentos y regulados.
Entre tanto, el Ministerio de Hacienda ajustó al alza su pronóstico a 4,5 %, en línea con el deterioro fiscal y la mayor incertidumbre externa. Este rango de 3,8 %–4,8 % marca la base de negociación.
Para Fedesarrollo, la experiencia de 2025 —cuando recomendó un aumento del 6 %— demuestra que los incrementos moderados protegen el empleo formal y contienen la inflación futura.
Así quedaría el salario mínimo 2026
Tomando el salario de $1.423.500 de 2025 como punto de partida y sumando una inflación de 4,4 % más un alza real de 3,3 %, el aumento total sería de 9 %. Así, el salario mínimo 2026 se ubicaría cerca de $1 551 000.
Si la inflación cerrara en 4,8 % y se pactara un punto adicional de productividad, el incremento caería a 6,5 %, llevando el sueldo a unos $1.515.000. Un escenario intermedio de 8,2 % —usado por varias firmas de consultoría— arroja una cifra de $1.540.000.
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Con la jornada laboral reducida a 44 horas desde julio de 2025, la hora ordinaria pasará de $6.189 a $6.530 si se materializa la proyección base, sin contar recargos dominicales y nocturnos. Este cálculo es clave para sectores intensivos en mano de obra.
Para los hogares que devengan el salario mínimo 2026, el ajuste equivaldría a un ingreso adicional mensual de entre $116.000 y $128.000, mejorando el consumo básico. Sin embargo, la ANDI advierte que cada punto porcentual de aumento genera presiones fiscales y en costos empresariales cercanas a $280.000 millones, lo que podría sumar hasta $2,5 billones al déficit si la subida supera el 9 %.
También entrará en vigor la segunda fase de la reforma laboral, que eleva los recargos dominicales al 90 % en 2026, encareciendo las nóminas del comercio y la hotelería. Mientras tanto, el Banco de la República prevé que una indexación moderada permitirá acelerar el recorte de tasas para reactivar la inversión.
Aunque las cifras definitivas se negociarán en diciembre, el consenso técnico sugiere que el salario mínimo 2026 oscilará entre los $1.520.000 y $1.560.000 millones, dependiendo de la trayectoria inflacionaria de los próximos meses y del margen que las partes otorguen a la productividad.
Lograr un acuerdo equilibrado será clave para preservar el poder adquisitivo de 2,6 millones de trabajadores formales y, al mismo tiempo, evitar un choque de costos que retrase la convergencia al 3 % de inflación.
