La transición energética mundial ha puesto a ciertos minerales en el centro del debate económico y geopolítico. El tungsteno y las tierras raras, poco conocidos en Colombia, se han convertido en insumos críticos para sectores como la movilidad eléctrica, la generación eólica y el rediseño de redes eléctricas.
Tanto Estados Unidos como la Unión Europea los catalogan como materiales estratégicos por su relevancia industrial y el alto riesgo de suministro, lo que ha desatado una competencia global por explorarlos, procesarlos y reciclarlos.
Minerales estratégicos en Colombia: la relevancia del tungsteno y las tierras raras para la transición energética
Qué aportan estos minerales: El tungsteno —también llamado wolframio— es reconocido por su densidad, dureza y punto de fusión extraordinario. Estas características lo hacen indispensable en herramientas de corte de alta precisión, en carburos cementados y en componentes que enfrentan condiciones extremas de desgaste.
En la industria eólica se utiliza en contrapesos, engranajes y recubrimientos de rodamientos, extendiendo la vida útil de las turbinas en ambientes severos. Además, en sectores como la geotermia y la perforación profunda, el carburo de tungsteno sigue siendo un estándar mundial.
Por su parte, las tierras raras —especialmente elementos como neodimio, praseodimio, disprosio y terbio— son esenciales para la fabricación de imanes permanentes NdFeB.
Estos imanes permiten que los motores de vehículos eléctricos y los generadores de turbinas eólicas sean compactos y altamente eficientes. Un aerogenerador puede incorporar varias toneladas de estos elementos, lo que explica por qué su demanda crece a la par de la transición energética.
Un tablero geopolítico complejo: China domina hoy la cadena de valor de las tierras raras y concentra buena parte de la producción mundial de tungsteno. En 2025, el gigante asiático anunció nuevas restricciones a la exportación de tungsteno e indio, lo que expuso la fragilidad de las cadenas globales y elevó la alerta en Occidente.
En respuesta, Estados Unidos y Europa han acelerado proyectos de exploración, permisos y programas de reciclaje para reducir su dependencia.
Colombia: potencial y retos pendientes
El Servicio Geológico Colombiano (SGC) y entidades como la Agencia Nacional de Minería (ANM) y la UPME han identificado ocurrencias de tierras raras, principalmente monacita en arenas negras de la Orinoquía y en regiones como Guainía, Vichada y Vaupés. Además, se han registrado mineralizaciones asociadas a tungsteno, titanio y molibdeno en distintos cinturones metalogénicos del país.
Sin embargo, los proyectos no están exentos de controversia. En Vichada, iniciativas para explorar tierras raras han generado debates sobre títulos mineros, licenciamiento ambiental, beneficios económicos y afectaciones a comunidades indígenas.
Estos casos evidencian la necesidad de procesos de consulta previa sólidos, trazabilidad estricta y transparencia en el manejo de los recursos.
El tungsteno también deja lecciones importantes. Hace una década, en la Colina del Tigre (Guainía), se registró explotación ilegal de wolframita controlada por las FARC, lo que afectó la reputación de Colombia en cadenas de suministro internacionales. Para evitar que la historia se repita, cualquier intento de reactivar este mineral debe priorizar la legalidad y la trazabilidad.
Política minera y transición energética: El Gobierno colombiano ya ha dado pasos para definir estos minerales como estratégicos. El CONPES 4075 de 2022 incluyó lineamientos sobre cómo aprovecharlos en el marco de la transición energética.
Más recientemente, en 2025, el Departamento Nacional de Planeación publicó un estudio que analiza los impactos económicos de impulsar el tungsteno y las tierras raras. La tarea ahora es traducir esas intenciones en un plan operativo que involucre exploración, licenciamiento responsable y cadenas de valor nacionales.
El tungsteno una oportunidad industrial concreta: Aunque el tungsteno no está directamente ligado a la electrificación, es vital para fabricar turbinas, perforadoras geotérmicas y maquinaria de precisión.
Su demanda está asegurada, pero el riesgo de depender de China es alto. Para Colombia, la ventana de oportunidad está entre 2025 y 2030. Entre las acciones clave se destacan:
- Fortalecer la exploración en distritos con señales de tungsteno mediante alianzas con universidades y el SGC.
- Desarrollar una planta piloto que permita procesar el mineral más allá del concentrado, generando productos intermedios como polvos y carburos.
- Implementar compras públicas innovadoras para impulsar el uso de herramientas con recubrimientos de tungsteno en infraestructura y energía.
- Establecer estándares estrictos de trazabilidad bajo marcos como la OCDE y el EITI.
- Vincular a la industria metalmecánica nacional para integrarla a las cadenas de carburos y aleaciones.
Tierras raras del potencial a la cadena de valor: El caso de las tierras raras es más complejo. Aunque sus aplicaciones son indiscutibles en motores eléctricos, turbinas y tecnología de defensa, el cuello de botella está en la separación y refinación de los elementos.
Colombia enfrenta un desafío doble: garantizar la protección de ecosistemas sensibles y cumplir con procesos de consulta previa, al tiempo que se cierra el paso a la minería ilegal vinculada al coltán y la monacita.
Una vía para acelerar resultados sería apostar por el reciclaje. Europa ya avanza en la recuperación de tierras raras a partir de imanes usados, y Colombia podría crear un hub de reciclaje tecnológico en la Costa Caribe, aprovechando su posición geográfica para abastecer a la región.
Mirando hacia adelante: Colombia tiene la posibilidad de convertirse en un jugador relevante en el suministro de minerales críticos para la transición energética global.
El tungsteno representa una oportunidad más cercana y realista para el país, mientras que las tierras raras demandan mayor planificación y paciencia.
Con gobernanza sólida, trazabilidad garantizada y participación comunitaria, el país puede pasar de un potencial geológico a una producción responsable que lleve sello colombiano.
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