La muerte del congresista Diógenes Quintero causó conmoción en la región del Catatumbo y en el Congreso de la República, luego de confirmarse el accidente aéreo ocurrido en la tarde de este miércoles 28 de enero en la ruta Cúcuta–Ocaña, en el que fallecieron todos los ocupantes de la aeronave de Satena, entre ellos también el representante Carlos Salcedo.
Quintero era una de las voces más representativas de las comunidades afectadas por el conflicto armado en el nororiente del país. Su trayectoria política y social estuvo profundamente ligada a la defensa de los derechos humanos y al trabajo territorial en una de las zonas históricamente más golpeadas por la violencia y la ausencia del Estado.
Nacido en Agua Blanca, corregimiento del municipio de Hacarí, en el Catatumbo, Diógenes Quintero se formó como abogado y se especializó en derecho administrativo en la Universidad Libre de Cúcuta. Además, cursaba una maestría en gerencia para el desarrollo en la Universidad Externado de Colombia, con el objetivo de fortalecer sus capacidades en la gestión pública y el liderazgo regional.
Antes de llegar al Congreso, desarrolló una amplia experiencia en el sector público. Se desempeñó como personero municipal de Hacarí y posteriormente como defensor regional del pueblo en Ocaña, desde donde lideró procesos de acompañamiento a comunidades vulnerables y promovió acciones para la protección de los derechos fundamentales en contextos de conflicto.

También fue fundador y presidente de la Asociación de Personeros del Catatumbo, espacio desde el cual impulsó la articulación institucional y la visibilización de las problemáticas sociales del territorio.
En 2022 fue elegido Representante a la Cámara por la Circunscripción Especial de Paz, con el respaldo de comunidades víctimas del desplazamiento forzado. Durante su paso por el Legislativo centró su trabajo en la reforma agraria, el desarrollo rural integral, la defensa del campesinado y el seguimiento a la implementación del Acuerdo de Paz, con especial atención a las necesidades del Catatumbo.
Su fallecimiento deja un vacío entre las comunidades que representaba y reabre el debate sobre los riesgos que enfrentan los líderes sociales y políticos en regiones apartadas del país.