Colombia suele presentarse como un país con alta inclusión financiera y se habla mucho de ecosistema Fintech: cerca del 96 % de la población tiene al menos un producto financiero. Sin embargo, la realidad cotidiana cuenta otra historia, pues el efectivo domina el 79 % de los pagos diarios y el crédito informal, conocido como “gota a gota”, sigue siendo la única opción para millones de personas, con tasas que pueden superar el 380 %.
Para el ecosistema Fintech, el problema ya no es de acceso, sino de diseño del sistema. Ese es uno de los principales mensajes del libro Colombia Fintech 2026–2030, presentado por Colombia Fintech, gremio que agrupa a más de 390 empresas del sector.
¿Por qué la Fintech pide cambiar las reglas del sistema financiero?
El documento plantea que durante años se celebró la apertura masiva de cuentas, pero se ignoró si estas realmente permitían ahorrar, pagar o financiar proyectos sin caer en la informalidad. En palabras del gremio, se construyó una “ilusión estadística” de inclusión.
Desde la visión Fintech, el marco regulatorio actual no solo no corrige esas fallas, sino que termina profundizándolas. Techos rígidos a las tasas de interés, cargas tributarias a los pagos digitales y un sistema de datos financieros cerrado siguen favoreciendo el uso de efectivo y la expansión del crédito informal, en detrimento de soluciones formales e innovadoras.
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— Colombia Fintech (@colombiafintech) January 29, 2026
“Durante años celebramos cuentas abiertas, pero ignoramos que millones de personas no pueden usarlas para ahorrar, pagar o financiar sus proyectos sin caer en la informalidad. Eso no es inclusión, es una ilusión estadística”, señaló Gabriel Santos, presidente ejecutivo de Colombia Fintech.
El libro propone una transformación profunda del sistema financiero colombiano a partir de tres ejes que, según el ecosistema Fintech, deben activarse de manera simultánea: competencia, inclusión e innovación.
En materia de competencia, el diagnóstico es claro: los usuarios siguen atrapados en “jardines cerrados” donde no pueden mover libremente su dinero ni su información. Sin portabilidad real de datos y recursos, el sistema compite siempre por los mismos clientes, mientras millones permanecen al margen. Para las empresas Fintech, la interoperabilidad no es un lujo tecnológico, sino la base para que los ciudadanos puedan elegir.
La inclusión financiera, advierte el documento, no puede seguir midiéndose solo por el número de cuentas abiertas. El reto es pasar de una inclusión de “tener” a una de “hacer”. En esa lógica, el historial de pagos cotidianos —como servicios públicos o telefonía— debería permitir acceder a crédito formal y reducir la dependencia de garantías que hoy excluyen a trabajadores informales, jóvenes y pequeños emprendedores. Aquí, la Fintech ve en la infraestructura de pagos un cuello de botella crítico que limita la competencia.
El tercer frente es la innovación. Aunque Colombia ha avanzado en espacios de prueba regulatoria, el ecosistema Fintech considera que el país se quedó a mitad de camino. Mientras otras economías ya integran finanzas abiertas y nuevos activos digitales, en Colombia estos modelos operan en zonas grises que frenan inversión y escalabilidad. Factores como la tasa de usura o el impuesto del 4×1.000 siguen siendo, según el sector, barreras directas a la digitalización.
