Las divisiones internas dentro de la derecha y la centro derecha en Colombia vuelven a quedar en evidencia en un momento clave del panorama político nacional. En medio de un escenario marcado por el desgaste natural del Gobierno y por la expectativa de un eventual reacomodo electoral, los enfrentamientos entre sectores afines han encendido alertas sobre el impacto que estas disputas podrían tener en el futuro político del país.
En los últimos días los cruces entre dirigentes de derecha han escalado en tono y frecuencia. Uno de los focos de la controversia ha sido el dirigente Enrique Gómez, quien busca mantener el umbral electoral de su movimiento, Salvación Nacional, y ha dirigido críticas cada vez más duras contra otros candidatos y sectores del mismo espectro ideológico.
Las disputas internas y los ataques entre sectores afines vuelven a evidenciar la fragmentación de la derecha y la centro derecha en Colombia
Estos choques han reavivado el debate sobre la fragmentación de un bloque político que, numéricamente, es limitado y que comparte amplios puntos de coincidencia programática.
Analistas coinciden en que las confrontaciones internas no solo desgastan a los actores involucrados, sino que también generan un ambiente de desorden que termina beneficiando a sus contradictores. Mientras tanto, sectores de izquierda observan con atención un escenario que podría ampliarse a su favor si las divisiones se profundizan.

Uno de los principales escenarios de tensión ha sido la denominada Gran Consulta por Colombia. Este mecanismo, impulsado por varios sectores de derecha y centro derecha con el objetivo de unificar candidaturas, ha sido objeto de cuestionamientos, intentos de deslegitimación y críticas públicas desde sectores ideológicamente cercanos. Las objeciones no se han limitado a diferencias técnicas, sino que han derivado en señalamientos personales y en dudas sobre su utilidad política.
Sin embargo, las consultas han demostrado en procesos anteriores ser una herramienta que permite a los candidatos medir fuerzas con votos reales, más allá de encuestas o percepciones. Además, ofrecen visibilidad, generan narrativa política y consolidan equipos, factores que suelen incidir en el comportamiento del electorado colombiano, especialmente en contextos de alta polarización.
El temor a perder protagonismo o a ceder espacio político es señalado como uno de los elementos que explican la resistencia de algunos sectores frente a este tipo de mecanismos.
No obstante, este tipo de disputas trae a la memoria el escenario electoral de 2022, cuando la falta de cohesión entre opciones de derecha y centro terminó facilitando el avance de una candidatura de izquierda que, en etapas tempranas del proceso, no era considerada por todos como la más probable.
Desde distintos sectores se advierte que repetir ese patrón podría tener consecuencias similares. La ausencia de acuerdos mínimos, sumada a la confrontación constante, podría dejar nuevamente por fuera a opciones que, en conjunto, representan una base electoral significativa, pero que divididas pierden capacidad competitiva.
Más allá de las tensiones alrededor de la consulta, el debate de fondo gira en torno a la necesidad de construir una agenda común. Voces dentro de la centro derecha señalan que el país enfrenta múltiples frentes urgentes que requieren consensos programáticos, desde seguridad y economía hasta institucionalidad y políticas sociales.
En ese contexto, la discusión sobre candidaturas debería ir acompañada de la construcción de equipos y propuestas claras.
Algunos dirigentes han llamado a bajar el tono de los ataques y a diferenciar entre competencia política y confrontación interna. La premisa es clara: tener candidatos distintos no implica convertirlos en adversarios irreconciliables. La línea entre el debate legítimo y el desgaste innecesario, advierten, es cada vez más delgada.
Mientras el calendario político avanza, el reloj juega en contra de quienes no logren ordenar sus filas. La fragmentación, sumada al clima de confrontación, plantea un riesgo real para un sector que busca recuperar protagonismo. En un escenario tan competitivo, las divisiones internas podrían convertirse en el factor decisivo que incline la balanza electoral.
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