La independencia del Banco de la República: el crecimiento económico en riesgo

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La institucionalidad y la estabilidad macroeconómica del país son dos de los asuntos que hoy generan preocupación. Tras días tensos por la relación entre el Banco de la República y el Ministerio de Hacienda, en los que la preocupación sobre el futuro financiero del país ha dado para debatir, el jefe de esa cartera anunció que asistirá a la junta del emisor, pero con condiciones.

Si bien la defensa de la independencia del emisor es innegociable, este proceso implica una mirada crítica y objetiva hacia el Banco y su labor, que permita una defensa seria por la estabilidad del país. En el pasado las decisiones sobre las tasas de interés han llegado tarde, ya sea para bajarlas o subirlas. Sin embargo, es necesario que la política fiscal y la monetaria, sin importar que tengan naturalezas distintas, mantengan un diálogo técnico para evitar que la economía colombiana resulte afectada.

Una división en la relación entre el Banco de la República y el Estado puede llevar a consecuensias graves para el país. La independencia del emisor es fundamental, porque de lo contrario podemos llegar a una crisis. Esto puede provocar una crisis institucional en el que esté en riesgo la credibilidad económica, la coordinación de políticas y la estabilidad de tasas de interés.

Sumado a lo anterior, el crecimiento económico del país genera ciertas inquietudes sobre la forma en la que se está dando. En 2025 el crecimiento fue del 2,6%, y es que mientras unos lo destacan como el DANE, esta cifra viene acompañada de un preocupante gasto público que supera la inversión en por lo menos dos puntos del PIB.

El dato del desempleo ha sido también reconocido como el ejemplo de «mínimos históricos». No obstante, la informalidad ha aumentado de manera importante, describiendo consecuencias importantes sobre la forma de vida de la población en estado productivo. La informalidad en concreto refleja la no cotización a pensión y la falta de prestaciones sociales, lo que reduce la calidad de vida.

Es momento de evaluar las funciones del Banco de la República. Su objetivo principal es controlar la inflación, pero su papel debería ser más preponderante y vinculante en decisiones críticas como la fijación del salario mínimo, para que este deje de estar supeditado únicamente a intereses políticos y responda a las realidades del mercado, la oferta y la demanda.

La inflación sigue «encaramada» y es nociva para todos. No podemos permitir que, ante un crecimiento tan débil, la economía se termine de enviar al «congelador» con tasas de interés asfixiantes. El Banco debe actuar con la mesura y capacidad técnica necesarias para timonear este año, preservando, por encima de todo, la capacidad adquisitiva de los ciudadanos frente a la amenaza de una inflación galopante.

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