Movilidad sin persecución: el motociclista también merece respeto

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Por estos días, hablar de motociclistas en Colombia parece haberse convertido en hablar de infracciones, comparendos, inmovilizaciones y patios. Y detrás de cada una de esas cifras hay algo que muchas veces olvidamos: hay una persona.

Hay un trabajador que utiliza su motocicleta para llegar a su empleo. Una madre que necesita movilizarse. Un joven que encontró en una moto una herramienta para generar ingresos. Un ciudadano que, como millones de colombianos, necesita transportarse todos los días.

Esto no significa que debamos justificar el incumplimiento de las normas. Todo lo contrario. Quien infrinja la ley debe responder. La seguridad vial debe ser una prioridad y respetar las normas puede significar la diferencia entre llegar a casa o no hacerlo.

Pero una política de movilidad no puede reducirse a perseguir, multar e inmovilizar.

La pregunta que debemos hacernos es mucho más profunda: ¿qué estamos haciendo para prevenir que las infracciones ocurran?

Necesitamos educación vial permanente, campañas de cultura ciudadana, infraestructura adecuada, controles inteligentes y autoridades que tengan las herramientas necesarias para hacer cumplir la ley.

Porque si nuestra única respuesta aparece después de la infracción, estamos llegando demasiado tarde.

Y hay otro asunto que merece toda nuestra atención: los costos asociados a la inmovilización y el traslado de las motocicletas.

Si en un mismo operativo se trasladan múltiples motocicletas utilizando una misma grúa, resulta legítimo preguntarnos si es razonable que cada propietario termine asumiendo el costo completo de un servicio que, en la práctica, hace parte de una misma operación.

NO PODEMOS PERMITIR QUE LA INFRACCIÓN SE CONVIERTA EN UN NEGOCIO.

La movilidad debe estar al servicio del ciudadano, no el ciudadano al servicio de un modelo que parece encontrar su solución en llenar patios.

Por eso creo que debemos cambiar el enfoque.

Al motociclista hay que exigirle responsabilidad. Pero al Estado también hay que exigirle eficiencia, prevención y reglas justas.

SEGURIDAD VIAL SÍ. PERSECUCIÓN NO.

Colombia necesita una movilidad que eduque antes de sancionar, que prevenga antes de lamentar y que entienda que detrás de cada vehículo hay una persona, una familia y una historia.

Ese es el debate que debemos dar.

Porque gobernar y legislar no consiste solamente en castigar al que se equivoca. También consiste en construir las condiciones para que cada vez sean menos los ciudadanos que tengan razones para equivocarse.

La 10 por Colombia.

Por: Óscar Sánchez León – @OscarSanchez10_

Del mismo autor: Fotomultas: cuando la tecnología debe estar al servicio del ciudadano

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