El acosador que me voy a tomar

Por: Sofía Gaviria


Nunca pensé que el Partido Liberal se podría convertir en otro acosador.  Como es bien sabido por la opinión pública, el partido lesionó gravemente no solo mi derecho a participar en la pasada consulta popular del mismo, sino también el de cientos de miles de electores.  Esta consulta terminó siendo un ejercicio ilegítimo, ilegal y descaradamente obsceno por los costos.

Por episodios como este, el Partido Liberal dejó de ser aquella colectividad que defendí toda mi vida y de la que me sentía profundamente orgullosa, y pasó a convertirse en la casa del atropello a la democracia, a la libertad de pensamiento y de conciencia y en el emblema del acoso a la mujer.

Esto me llevó en un comienzo a la determinación de no inscribirme en las listas al Congreso por el Partido Liberal, para las próximas elecciones, incapaz de prestarme al matoneo de la dirección, que cada día crece, como lo hemos denunciado ya no un puñado de indignados, sino la mayoría de los militantes y dirigentes del partido, incluso aquellos que ayer fueron atropelladores y hoy se ven atropellados.

 Pero, desde hace varias semanas, víctimas de todo el país, esas a las que he representado desde el comienzo de mi labor en el Congreso, me han pedido, con angustia, que siga al frente de su defensa en el Senado, sobre todo en los tiempos que llegan, en los cuales el Congreso se verá ultrajado por la presencia de criminales de lesa humanidad.   Esa obligación con las víctimas me compromete a defender la curul como senadora, que se ha convertido en la plataforma para que el país conozca la realidad de las víctimas y de tantos colombianos vulnerables, en la pobreza y en la marginación.

Debido a que esta representación les ha insuflado esperanza en la recuperacion del liberalismo a muchísimos colombianos que, siendo liberales de corazón, han dejado de ser militantes de un partido que perdió su rumbo y claman porque este se retome, tampoco puedo abandonarlos en mitad de la batalla. Por el contrario, deben tener la certeza de que, si, gracias a su apoyo, logro ser la senadora más votada, nos tomaremos el partido, para que este recupere su senda.

Precisamente, el Consejo de Estado ha fallado que es necesario amparar mi derecho a elegir y ser elegida. Estamos todavía a la espera de los resultados de la investigación al Partido Liberal ordenada, al respecto, por el Consejo Nacional Electoral y acudiremos, si es preciso, a la Sección Quinta del Consejo de Estado, para que violaciones como la que la Dirección Liberal ha hecho a mis derechos y a los de la mayoría del electorado liberal no vuelvan a ocurrir.

El director de un partido, como cualquier funcionario que pretende representar a miles de colombianos, debe dar ejemplo de apartar sus intereses personales y familiares, en pro de los intereses mayoritarios de la colectividad.  Pero, tristemente, distinta ha sido la historia del Partido Liberal en los últimos decenios. Está claro que el partido, cada vez que hay elecciones presidenciales, es tomado por la dirigencia para prostituirlo.  La ausencia de principios liberales en la Dirección Nacional es el resultado de la disputa de quienes han tenido el poder en el partido y se han dedicado a convertirlo en un campo de batalla cuyo único interés es el de obtener los contratos y la burocracia que les entregan gobiernos antiliberales.

Y muchos de quienes hoy se indignan por el abuso de poder del presidente Gaviria han ofendido también con sus actuaciones los principios liberales.  Baste remitirnos al manifiesto que, en camarilla, redactaron Humberto de la Calle, Juan Fernando Cristo, Horacio Serpa y César Gaviria, para sacar del juego primero a Viviane Morales y luego a Sofía Gaviria, de una consulta en la que la entrega del partido al candidato escogido por el actuante director (como abusivamente lo hizo) quedaría en serio peligro. Se trató de un acuerdo antiliberal que sellaron dos partes para excluir a la mayoría.  Por eso, hoy, esos violadores de los principios liberales, antes en matrimonio y hoy en franco divorcio, tienen que abrir espacio para los liberales de verdad. A ellos, contestaré con votos, para que entiendan, finalmente, que, por el bien de nuestro partido, deben hacerse a un lado.

Por lo anterior, desde ahora, debo afirmar que, teniendo en cuenta el carácter ilegítimo, ilegal y antidemocrático de la consulta popular del Partido Liberal, y el hecho de que no ha habido un fallo definitivo respecto de mi candidatura en la misma, reitero pública y firmemente que desconozco sus resultados espurios y que, en consecuencia, no reconozco como candidato presidencial al proclamado ganador de esa consulta, mucho menos cuando se trata del artífice de un proceso de paz fallido, de la persona que, a pesar de que tuvo en sus manos una gran oportunidad de cambiar la historia del país, prefirió perpetuar la violencia, a través de un acuerdo que rechazó la mayoría de los colombianos y que él, pudiéndolo enmendar, no lo hizo. Espero que la justicia se pronuncie para determinar que, dadas las condiciones de la consulta, el Partido Liberal no tiene en este momento candidato a la presidencia de la República.

Los colombianos pueden tener la seguridad de que seguirá intacto mi compromiso con materias esenciales del liberalismo, como son la seguridad alimentaria, la descentralización, la salud de calidad y para todos, la defensa del patrimonio público y del medio ambiente y, sobre todo, con la protección de los más vulnerables, que en este país son mayoría.

Como protesta por el abuso de la dirección del partido en la asignación de números a los candidatos, preferí distanciarme de los primeros números de la lista al senado y escogí el 70, porque represento la disidencia en el partido y porque este número es símbolo del trabajo que desarrollo por los colombianos siete días a la semana, con cero corrupción.