La estabilidad energética en la región norte de Colombia enfrenta uno de sus desafíos más críticos. Según los informes contables más recientes de Air-e, la compañía encargada de la distribución y comercialización de energía eléctrica en los departamentos de Atlántico, Magdalena y La Guajira, el agujero fiscal de la entidad ya roza los $2,5 billones de pesos. Esta cifra pone en jaque la operatividad del servicio y enciende las alarmas en el Gobierno Nacional.
El saldo en rojo, que ha crecido de manera sostenida en los últimos trimestres, no es solo un número en un balance contable; representa una amenaza directa a la calidad de vida de millones de usuarios. La administración de la compañía ha señalado que este desfase financiero responde a una compleja combinación de factores externos e internos que han erosionado la liquidez de la organización.
Alerta roja en la Costa: El agujero fiscal de Air-e escala a niveles históricos
La deuda acumulada por la «opción tarifaria»: Un mecanismo que permitió congelar los precios durante la pandemia, pero que generó un cobro diferido que hoy pesa sobre las finanzas de la empresa. El impago de facturas: Un fenómeno persistente en ciertos sectores de la región Caribe donde la cultura de pago sigue siendo un reto administrativo.

El incremento en los precios de generación: Los costos para comprar energía en bolsa han fluctuado al alza, reduciendo el margen de maniobra de la prestadora.Ante la magnitud del déficit, que se sitúa aproximadamente en la barrera de los $2,5 billones, la Superintendencia de Servicios Públicos Domiciliarios ha tenido que tomar cartas en el asunto. La intervención administrativa, que se hizo efectiva hace unos meses, busca estabilizar las finanzas y garantizar que el suministro de energía no se interrumpa en las zonas críticas del norte del país.
Sin embargo, los expertos del sector advierten que la intervención por sí sola no es una solución mágica. «El problema de Air-e es estructural», señalan analistas económicos. Mientras el flujo de caja no mejore y no se inyecten capitales frescos o se liquiden las deudas de la opción tarifaria por parte del Estado, el déficit seguirá expandiéndose.La falta de recursos ha comenzado a pasar factura en el mantenimiento de las redes. Con un pasivo tan abultado, la capacidad de inversión de Air-e se ha visto drásticamente limitada. Esto se traduce en:Retrasos en la modernización de subestaciones. Aumento en la frecuencia de las interrupciones no programadas. Dificultades para la compra de energía a largo plazo, obligando a la empresa a depender del volátil mercado de bolsa.
El fantasma de lo ocurrido con la antigua Electricaribe sobrevuela la región. Los gobernadores y alcaldes de la zona han hecho un llamado urgente al Ministerio de Minas y Energía para que se defina una hoja de ruta clara. La preocupación radica en que el usuario final termine asumiendo el costo de este déficit a través de tarifas aún más elevadas o, en el peor de los casos, mediante un racionamiento del servicio.
Por ahora, la gerencia interventora trabaja en la búsqueda de acuerdos de pago con los grandes entes territoriales y en estrategias de recaudo más agresivas. No obstante, la cifra de $2,5 billones es tan robusta que requiere de una intervención financiera coordinada entre el sector privado y el presupuesto nacional.
El futuro de la energía en el Caribe colombiano pende de un hilo financiero. Mientras el déficit no se detenga, la promesa de un servicio eficiente y a precio justo seguirá siendo una meta lejana para los habitantes de la costa norte. La pregunta que queda en el aire es: ¿quién asumirá finalmente el costo de este millonario desajuste?
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