Alerta Roja Hospitalaria, momento para la solidaridad

Fotografía: KienyKe

Aunque pueda parecer un trámite administrativo, la decisión de decretar una alerta roja hospitalaria es ante todo una determinación para salvar vidas, representa el cumplimiento del deber, la responsabilidad y el respeto por los demás. Una decisión que además puede ayudar a generar conciencia y a convocar la solidaridad.


Por: Luis Fernando Suárez

Para Aníbal Gaviria, para el gobierno de Antioquia, el imperativo mayor es el cuidado y la protección de la vida. Ese ha sido el propósito rector con el que se ha enfrentado en el departamento la pandemia del Covid – 19, y por eso todas las decisiones están apoyadas en datos, lecturas técnicas y científicas de la realidad, con una mirada humanista que entiende que más allá de las estadísticas, detrás de cada dato hay personas, familias, historias, que pueden ser la nuestra o la de los nuestros.

Como saben, pude experimentar y verificar de primera mano el compromiso y la dedicación del personal de la salud en Antioquia. Lo viví durante muchos años como servidor público en la Seccional de Salud, y recibí muchas veces su atención esmerada como paciente. La más reciente, la más significativa, con ocasión de una complicación con el Coronavirus que me había sido confirmado. Nunca dudé del gran activo que tiene nuestro departamento en la calidad de su personal médico, pero vivirlo en primera persona potencia la admiración frente a su sacrificio.

Un sacrificio que siempre ha estado presente, pero no siempre tan visible como ahora. Por eso, desde el comienzo de la pandemia hemos insistido en la urgencia de proteger al personal de la salud. Promovimos aplaudirles y celebrar su sacrificio, pero sobre todo cuidarlos, evitar un alto número de contagios porque ellos, que están en la primera fila, se hacen más vulnerables. Hoy, acumulan muchas horas, días, meses de trabajo bajo condiciones de altísimo estrés y con una alta carga emocional. Son unos gigantes que han puesto hasta la vida para controlar el virus y para salvar la vida de los demás.

Nuestra obligación es seguir trabajando con amor, dedicación y compromiso para poner todo el conocimiento y la energía en favor de la causa. Anteponer los intereses generales para desarrollar las mejores rutas, siempre basados en los principios de igualdad, moralidad, eficiencia, economía y celeridad de modo que la atención sea oportuna y eficiente para todos y en iguales posibilidades de acceso.

No es tolerable pensar que nuestros conciudadanos mueran a la espera de una cama, de un cuidado. Hoy, la ocupación hospitalaria está al tope, aunque se ha ampliado, casi triplicado, la capacidad en UCRI y UCI, estamos cerca de copar ese nuevo aforo porque la velocidad en el contagio es muy alta y como se trata de un enemigo invisible a simple vista, con frecuencia bajamos la guardia y aumentamos el riesgo, sobre todo para los más vulnerables.

Como lo reconocen el Colegio Médico de Antioquia y otras agremiaciones, el porcentaje de ocupación está relacionado con pacientes Covid y No-Covid. Pero cuando se trata de la defensa de la vida no puede haber separación ni distinciones técnicas. Por eso, con la Alerta Roja Hospitalaria se suspenden procedimientos estéticos y médicos aplazables, no urgentes, que pueden derivar en una necesidad de un soporte vital. En otras palabras, es guardar la capacidad de alta complejidad para lo verdaderamente urgente, esté o no relacionado con el coronavirus.

Históricamente la red hospitalaria pública y privada de Medellín y el Área Metropolitana ha sido el soporte de Antioquia, Córdoba, Chocó y Sucre. Así funciona el sistema, por niveles de complejidad. Es en el centro urbano de mayor concentración en donde están reunidas las mayores capacidades, el más alto número de especialistas y equipos de soporte; pero es también por lógica matemática, en donde se presenta el más alto número de pacientes y las mayores complejidades. Si entendemos que el de la salud es un sistema que funciona por niveles de atención y que existe además el sistema de referencia y contra referencia, que precisamente le da la competencia a la Gobernación de regular desde el CRUE los pacientes con la declaratoria de la alerta roja, podemos entender que lleguen a los hospitales del Área Metropolitana los pacientes del resto de municipios de Antioquia.

La Alerta Roja es entonces más que una solución, una herramienta para tomar decisiones y definir rutas que nos permitan atender esa realidad. Y abre espacio para la solidaridad más allá de las palabras. Es la organización metodológica para aprovechar mejor los recursos humanos y técnicos de modo que podamos salvar el mayor número posible de vidas. Eso implica un uso racional de las capacidades globales, profundizar en otros niveles de atención para evitar la presión sobre los más especializados, insistir en alternativas como la telemedicina, la atención domiciliaria y, especialmente, el autocuidado para evitar los contagios. Una batería de acciones y decisiones encaminada a la protección.

Es muy gratificante recibir las expresiones vivas de solidaridad como capital alternativo, materializadas en acciones contundentes, como lo han hecho ya las Secretarías de Salud de Bogotá y otros departamentos, que además de disponer camas UCI para el traslado de nuestros pacientes, han ofrecido también el envío de personal médico especializado en caso de ser necesario.

Quiero hacer hincapié en nuestra gratitud por ese gesto que demuestra con hechos, que la solidaridad no es dar lo que nos sobra sino lo que otro necesita. La pandemia sigue viva en todo el planeta, en todas las latitudes hacen falta manos, conocimiento y recursos para hacerle frente, eso es lo bonito del gesto que resaltamos: que nos ofrecen apoyo porque hoy lo necesitamos, no porque tengan en exceso.

La mejor manera de expresar nuestro agradecimiento es evitar los contagios para disminuir la necesidad de recibir la atención. Es abstenernos de celebraciones y fiestas, seguir haciendo acopio de paciencia y esperanza para aplazar lo que no es urgente con la ilusión de un recuentro menos peligroso, de una Navidad más tranquila, aunque distinta. Ese es nuestro reto como sociedad, estoy seguro de que lo sabremos afrontar.

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