Las encuestas amenazan el voto libre

Fotografía: El Tiempo

Es lamentable ver como la democracia sale perjudicada por cuenta de la intervención y la injerencia que hacen algunas firmas encuestadoras en los procesos electorales para anular, omitir, invisibilizar o descartar candidatos con procesos bastantes cuestionados.


Editorial

Antes que nada, desde este medio de comunicación queremos aclarar que no tenemos ninguna animadversión hacia las firmas encuestadoras; simplemente como medio de comunicación y garantes de la democracia, somos creyentes fervorosos de la importancia de la sana deliberación, así como de la validez y valor del voto libre.

Es por eso que vemos con malos ojos cómo se han ido llevando algunos procesos de encuestadoras en varias ciudades del país, sobre todo en los casos de Bogotá y Medellín.

Sabemos que las encuestas son costosas, han estado toda la vida y seguramente lo seguirán haciendo, pero ha faltado un grado de responsabilidad y de gallardía a la hora de tomar la información que estas presentan, al momento de saberlas explicar o exponer, pero sobre todo, de contar las cosas como son.

¿Por qué? Porque una ficha técnica sigue siendo importante, ya que esta es la que dice realmente cómo y con qué criterios se hicieron las encuestas, quién las financió, cuántas personas respondieron y en teoría el Consejo Nacional Electoral, como ente rector para dichos mecanismos, es quien debería regular estas encuestas.

Sin embargo, en este país el Consejo Nacional Electoral es un adorno más de la democracia; es un aparatico más de la burocracia y el clientelismo en nuestro poderoso y gigantesco aparato estatal.

Vimos la semana pasada como presentaron mega titulares como: “Gran encuesta”, “La última gran encuesta”, “La gran medición” y otros nombres rimbombantes para concentrar toda la atención y presentar los resultados que habían obtenido.

Desafortunadamente las personas en Colombia no tienen el hábito de leer, explorar, investigar, hurgar, comparar y contrastar; por eso se “comen todo entero” y sin ningún filtro, pero nosotros no y hoy vemos con extrañeza y gran preocupación las tasas de respuesta de los procesos de la alcaldía de Medellín y alcaldía de Bogotá.

En la capital de la República un alcalde será electo con aproximadamente un millón de votos, pero los encuestados fueron cerca de 314 personas, mientras que en Medellín el nuevo alcalde necesita entre 250 y 260 mil votos, pero solo tomaron la opinión de 234 personas. Cabe mencionar que para ambos casos estaban planeando hacer 600 encuestas.

No entraremos en argumentaciones técnicas, porque sobran, pero es bastante fácil inferir que no es lógico ni coherente, ni mucho menos aplicable, un escenario de esa encuesta al escenario de las elecciones, por lo cual, toda esa información divulgada debe ser tomada con pinzas.

El punto central de este editorial es el voto libre y su amenaza por cuenta de las encuestas. Las personas del común y los empresarios que financian las candidaturas, distintas organizaciones sociales, comunitarias y gremios, toman las opciones de apoyar a un candidato entre más posibilidades tenga de ganar, basados en las encuestas.

No estamos hablando de un caso en específico de este año, pero en Bogotá y Medellín es exactamente lo mismo; hay crecimientos desproporcionados, hay empates técnicos evidentes y hay personas que evidentemente hacen parte de grupos poblacionales adscritos a candidaturas que nunca han sido medidas.

Es necesario que se reglamenten y se regulen las encuestas, porque hoy es una verdad tácita e inexorable que están afectando el voto libre, pues las personas están votando en contra de, por descarte o por el famoso voto útil: “no vote por este porque va a perder el voto, así que vote por este que seguramente no lo va a perder”. 

Por todo lo anterior vemos con una extraña preocupación los procesos que están sucediendo en Colombia…