Armonía, equilibrio y equidad

Por: Eduardo Verano de la Rosa


A través de la historia del pensamiento político clásico se han desarrollado reglas que deben seguirse: el equilibrio y la equidad, ambos brindan la armonía y principal fortaleza que debe tener la democracia.

Los estudiosos de la filosofía política de la Antigua Grecia le dan a Pitágoras el reconocimiento de armonizar y comparar las teorías matemático-musicales con la política, dado que todas ellas deben tener exactitud y equilibrio. Este paralelo en sus reglas básicas se le atribuye a Pitágoras, entre la música y el Estado, entre la música y las políticas de Gobierno como símbolos de concordia y afinación de los intereses de una comunidad.

Pitágoras, el más importante de los presocráticos, precisó que se debe administrar el Estado y la cosa pública de una manera equilibrada y correcta para que haya un orden social adecuado. En la música, en la matemática y en la política se busca la belleza, la armonía y la perfección basados en el equilibrio y la equidad. Esta es una directriz clara a quienes les toca hacer leyes, manejar ciudades, tomar decisiones de Estado y estructurar constituciones que permitan administrar los asuntos públicos con un equilibrio matemático y musical.

El equilibrio es proporción y exige armonía como esencia del manejo de la matemática y la política. Por eso, se habla incluso de proporción geométrica, concepto que bien se puede aplicar a la política como un cálculo fundamental para el diseño de un Estado equilibrado que permite desaparecer las discordias y aumentar la paz, la tranquilidad y la armonía dentro de una organización territorial del Estado. Ese ordenamiento territorial se hace en las constituciones que garantizan la máxima estabilidad. Por eso, al estudiar las que tienen fama de ser las más equilibradas, que han pasado indemnes el juicio de la historia, resalta como la mejor concebida la de Estados Unidos, hecha por Adams, Hamilton y Madison. Analizando el proceso constituyente de nuestro país y su aplicación, quienes tuvimos el honor de participar en la Constituyente de 1991, quisimos construir la equidad intrarregional que nos permitiese una mayor capacidad de desarrollo de todo el país, de una manera armónica y equilibrada, como una gran pieza musical.

Desde el inicio de nuestras discusiones juveniles, antes de llegar a la Constituyente, siempre soñábamos con un país que permitiese el desarrollo y la autonomía de sus regiones y, con ese pensamiento, tratamos de construir el Estado Regional de Colombia. Por eso es importante analizar “La llamada de la tribu”, de la que habla Vargas Llosa en su libro, como principal fortaleza de la cultura democrática. La describe como el sentimiento colectivo que cada tribu construye a lo largo de su historia y se convierte, por su arraigo, por su fortaleza, casi que en fanatismo dentro del proceso de construcción de su cultura y, cuando se rompen los equilibrios históricos, pueden llegar hasta la violencia. El ser humano civilizado de hoy anida en el fondo de su alma todo el aprendizaje de su proceso tribal. Lo que queremos lograr finalmente es un país mejor manejado, más equitativo, más equilibrado, con fortalezas en sus regiones, porque a más Estado, más ineficacia, entre más crece, es más difícil manejarlo, se vuelve más distante para la gente. En cambio, un país descentralizado, regionalizado, permite mayor control de la misma gente que habita.