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Biohacking para el autoconocimiento

Foto: Cortesía
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Por: Laura Susana Hidalgo-López


Diferentes ideas pasan por nuestra mente cuando hablamos de biohacking o transhumanismo y es, sin duda, vanguardista y para los más conservadores, un tanto inmoral. Recuerdo meses atrás un almuerzo con varios ejecutivos de Google en la bahía de San Francisco, había un piso solo para snacks, otro piso para alimentos preparados por más de 12 chefs internacionales de renombre con todas las especialidades posibles, desde cocina mexicana hasta libanesa, y un tercer piso con terraza solo para la cafetería y la pastelería.

Normalmente las zonas de alimentación son el común denominador de las oficinas en las ¨Blue chips¨ de Silicon Valley, sin hablar de los salones de juegos, los ¨Speak easy¨ y los ¨Legolands¨.

En el almuerzo que tuvimos antes de nuestra reunión, los ejecutivos eligieron beber solo agua, no cualquier tipo de agua, eligieron beber Agua Tyent, la cual es creada por medio de un procedimiento de electrólisis que deja el agua con cargas negativas permitiendo neutralizar inmediatamente radicales libres. Básicamente les permitía tener más energía y dormir mejor. Esta técnica la adecuaban al ayuno intermitente o también al ayuno dopamínico.

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Técnica que, según su precursor, el psicólogo e inversor tecnológico, Cameron Sepah, se basa en la premisa de que estamos tan sobreestimulados que segregamos más dopamina de la recomendable. Por tanto, si eliminamos las actividades que proporcionan placer o satisfacción, las relaciones sociales, los videojuegos, el sexo, la comida… para que el cerebro frene su producción de dopamina. Una vez concluido el periodo de ‘ayuno’, el cerebro volverá a segregar dopamina y a responder a los estímulos a los que ya no respondía porque se había acostumbrado a ellos”.

Algunas de estas prácticas realizadas para transformar el sistema humano a través de tecnología e innovación experimental son conocidas como biohacking, un término extremadamente amplio y amorfo que puede cubrir una amplia gama de actividades, desde realizar experimentos científicos con levaduras u otros organismos, hasta realizar seguimiento del sueño y la dieta, o incluso modificar su propia biología como Peter Thiel, cofundador de PayPal, quien recibe transfusiones de sangre de personas más jóvenes, técnica conocida como Parabiosis, de la cual hay varias compañías actualmente ubicadas en California como Alkahest y Ambrosia.

Dave Asprey, un biohacker, creador de Bulletproof, me dijo que para él, el biohacker es «el arte y la ciencia de cambiar el entorno que te rodea y dentro de ti para que tengas un control total sobre tu propia biología». Está muy dispuesto a experimentar con su cuerpo: le inyectan células madre en las articulaciones, toma docenas de suplementos al día, se baña en luz infrarroja, practica dos horas diarias de meditación Vipassana y el ayuno intermitente con solo una comida (cena) los días de semana.

Los suplementos son otra herramienta popular en el arsenal del biohacker. Desde suplementos antienvejecimiento hasta nootrópicos o «medicamentos inteligentes».

Luego están algunas de las prácticas más radicales: crioterapia (enfriamiento), neurofeedback (entrenarse para regular sus ondas cerebrales), saunas de infrarrojo cercano (liberan el estrés de las transmisiones electromagnéticas) y tanques flotantes virtuales (que están destinados a inducir un estado meditativo a través de la privación sensorial), entre otros.

Después de esta premisa, y terminando con un paseo por la terraza donde divisamos la bahía de Bay bridge, ahondamos en un tema más complejo desde el biohacking hacia el transhumanismo.

Este mismo nace en los años 60, fundado por los filósofos More y Esfandiary, e influenciado por el nacimiento de los computadores y las primeras obras de ciencia-ficción cibernética Humanity+.

Por primera vez en la historia de nuestra especie podemos divisar un futuro en el que, con ayuda de la tecnología, perseguimos la inmortalidad y la juventud eterna. Entonces dejaremos de ser humanos para convertirnos en transhumanos. Un primer paso hacia el posthumanismo, en donde la humanidad podría prescindir de su propio cuerpo y vivir eternamente como datos en una red neurológica, o desprendernos de nuestra condición de seres vivos, gracias a la inteligencia artificial.

Así terminamos reflexionando sobre las técnicas del autoconocimiento a través del biohacking, del dilema ético, moral y religioso en donde se plantea un panorama controvertido para la tecnología y la evolución humana. Argumentando la teoría que en el futuro podremos prescindir de nuestro cuerpo y sustituirlo por chips, sensores, e implantes, e incluso descargar nuestra mente en una red de datos. Si algún día eso se convierte en realidad… ¿dónde quedan los conceptos de alma y libre albedrío, pilares de casi todas las religiones?

Amenas conversaciones sobre el futuro en el Valle del Silicio.

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