Bogotá y Ciudad de México apuestan por la bicicleta en medio de la congestión urbana

Con 600 kilómetros en Bogotá y 580 en Ciudad de México, ambas capitales fortalecen su infraestructura ciclística para aliviar el tráfico y mejorar la calidad de vida, aunque persisten retos en conectividad y seguridad vial.

Foto: Redes sociales

El mapa de la movilidad urbana en América Latina está cambiando de forma acelerada. Frente a la congestión, la contaminación y la necesidad de ciudades más habitables, la bicicleta ha dejado de ser una alternativa marginal para convertirse en una pieza clave de la planificación urbana. Una radiografía reciente de las principales capitales y metrópolis de la región confirma esta tendencia: las ciclovías ya no son un complemento, sino infraestructura estratégica.

Ciclovías en América Latina: las ciudades con más kilómetros de infraestructura para bicicletas

De acuerdo con datos recopilados de fuentes oficiales de cada ciudad, São Paulo lidera el ranking de las redes de ciclovías más extensas de América Latina, con 730 kilómetros destinados exclusivamente al tránsito de bicicletas. La mayor ciudad de Brasil ha apostado durante la última década por ampliar su malla ciclística como parte de una política de movilidad sostenible que busca reducir la dependencia del automóvil.

En el segundo lugar aparece Bogotá, con 600 kilómetros de ciclovías, consolidándose como una de las capitales pioneras en el uso de la bicicleta en la región. La ciudad no solo cuenta con una de las redes más extensas, sino también con una cultura ciclista arraigada, impulsada por iniciativas como la Ciclovía dominical y la integración de la bicicleta al sistema de transporte público.

Muy cerca se ubica Ciudad de México, que suma 580 kilómetros de infraestructura ciclística. En una de las urbes más grandes y congestionadas del continente, la expansión de ciclovías ha sido una respuesta directa a los problemas de movilidad y calidad del aire, aunque todavía enfrenta retos en conectividad y seguridad vial.

Bogotá y Ciudad de México apuestan por la bicicleta en medio de la congestión urbana

El cuarto lugar lo ocupa Santiago de Chile, con 500 kilómetros de ciclovías, resultado de una política sostenida de inversión en transporte activo que ha ganado terreno en los últimos años. Le sigue Buenos Aires, con 400 kilómetros, una red que se ha expandido progresivamente y que hoy conecta buena parte del centro y sectores residenciales de la capital argentina.

Más abajo en el ranking aparece Lima, con 300 kilómetros, en un contexto donde el crecimiento de la infraestructura ciclística se aceleró tras la pandemia. Quito, con 250 kilómetros, destaca por integrar la bicicleta en una ciudad con compleja topografía, mientras que Montevideo y Medellín empatan con 200 kilómetros cada una, reflejando avances importantes aunque aún limitados frente a la demanda creciente.

Cierra el listado Curitiba, con 180 kilómetros, una ciudad históricamente reconocida por su planificación urbana, que ahora busca fortalecer el uso de la bicicleta como complemento a su exitoso sistema de transporte público.

Más allá de las cifras, el ranking evidencia una transformación profunda en la manera como las ciudades latinoamericanas conciben el espacio público. La expansión de ciclovías no solo responde a criterios ambientales, sino también a una demanda social por desplazamientos más económicos, saludables y eficientes.

El desafío pendiente, coinciden expertos en movilidad, no está únicamente en sumar kilómetros, sino en garantizar redes conectadas, seguras y bien mantenidas, capaces de integrarse con otros medios de transporte. La bicicleta ya ganó un lugar en la agenda urbana de América Latina; ahora, la tarea es consolidarla como una opción real y cotidiana para millones de ciudadanos.

Lea también: Juan Carlos Pinzón solicita a la Procuraduría vigilar la actuación política del Gobierno

Salir de la versión móvil