Cábalas Para El 2026

El 2026 se perfila como un año decisivo para Colombia y para el orden geopolítico global, en un contexto marcado por alta incertidumbre, tensiones políticas y un flujo de información sin precedentes que anticipa cambios de fondo.

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Me vengo dando cuenta que ya llevo 25 años escribiendo una columna de fin de año sobre lo que nos puede traer el año venidero. Y también que cada año las circunstancias me obligan a escribirla con más anterioridad. Quizás todo sea función de que este mundo cada vez nos bombardea con más información. Una certidumbre: el 2026 será un año clave para la geopolítica mundial, y será el año MÁS IMPORTANTE de la historia de Colombia.

Este contenido hace parte de la Revista 360 – Edición 10: El año de las Decisiones. Producto periodístico anual y exclusivo elaborado por 360 Radio.

El 2026 puede ser el año en que se logra el cambio más relevante de la historia moderna del Medio Oriente, y el año en que el mundo sea testigo del final de la guerra entre Ucrania y su agresor Rusia. ¿Por qué afirmo esto? Porque el año que entra es probable que veamos la firma de los acuerdos de Abraham entre el primer ministro Benjamín Netanyahu y Mohamed Bin Salman, el príncipe heredero de Arabia Saudita. Un escenario de normalización de las relaciones diplomáticas entre Israel y Arabia Saudita va a implicar un antes y un después en este mundo, porque un escenario donde Arabia Saudita anuncie que respeta el derecho a existir de Israel, implicará el aislamiento geopolítico total de la teocracia terrorista de Irán. 


También es probable que la presión que la administración Trump está logrando imponer sobre los gobiernos de China e India logre que el dictador Putin se vea obligado a negociar una salida al conflicto con Ucrania. Si Trump logra que China e India dejen de comprarle petróleo a Rusia, el flujo de caja de esa dictadura, y su estabilidad macroeconómica, se verá muy afectada. Las elecciones de medio término en EE. UU. también serán de gran importancia. Según los mercados de apuestas actuales, existe un 75% de probabilidad que el partido demócrata recupere el liderazgo de la cámara de representantes, y existe una probabilidad importante que los republicanos pierdan escaños en el senado (pero no el control). Esta realidad seguramente implicará una gobernabilidad más “complicada” para Trump en el ocaso de su presidencia. 

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Por el lado de la economía global, el 2026 será un año donde veremos menores tasas de interés a gracias a la aceleración del proceso de desinflación que está viviendo EEUU (mi expectativa es que el banco central de EEUU haya bajado sus tasas de intervención a 2.75% para Julio del 2026), y un año donde seremos testigos de una aceleración muy relevante de las capacidades de la inteligencia artificial y sus efectos sobre el aparato productivo –incluyendo la destrucción de puestos laborales. Por el lado expansionista, el 2026 será un año que ve mayores niveles de estimulo fiscal en Alemania, China, y EE. UU., eventos que ayudarán a sostener el crecimiento.   

Y ahora, Colombia. No exagero en decir que el 2026 será el año que decidirá si Colombia se convierte en un estado fallido después del 2026, como la Venezuela de Chávez, la Nicaragua de Ortega, o la Cuba de los descendientes políticos del criminal de lesa humanidad Fidel Castro, o si el país regresa a una senda de viabilidad que logre, por fin, acabar con la tragedia de la pobreza y la violencia. La cuestión para nosotros los colombianos es sencilla. En las elecciones presidenciales y legislativas del 2026 estaremos enfrentando la posibilidad de finalizar la toma del narco socialismo de las instituciones colombianas, la que comenzó con la victoria de Petro, o alternativamente los colombianos lograremos recuperar nuestro país dándole la victoria a un candidato de una eventual coalición anti petrista. Insisto, este NO es un tema difícil de entender. Los colombianos lo perderemos todo si los seguidores de Abelardo, los de Vicky, los de Pinzón, los de Mafe Cabal, o de Paloma, o los de Fajardo, siguen con la estupidez de decir, “no, yo por Abelardo no voto y punto”, o “por el candidato de Santos yo no voto ni por el chiras”. O nos unimos o nos hundimos.

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