La apreciación del peso colombiano se ha convertido en uno de los principales factores que hoy presiona las finanzas de los cafeteros. Aunque una moneda fuerte suele interpretarse como una señal de estabilidad macroeconómica, para los exportadores y, en particular para los productores de café; el efecto es exactamente el contrario: menos pesos por cada dólar que entra al país.
En el último año, la tasa de cambio ha tenido una caída significativa. A comienzos de enero de 2025 el dólar se negociaba alrededor de los $4.409, mientras que a mediados de enero de 2026 ronda los $3.663. Esto implica una revaluación cercana al 17%, un movimiento que, en la práctica, se traduce en una reducción directa de los ingresos de quienes venden su producción en los mercados internacionales.
La revaluación del peso recorta la rentabilidad de los cafeteros colombianos
El gerente general de la Federación Nacional de Cafeteros, Germán Bahamón, ha sido enfático en advertir que este fenómeno tiene un costo real para el país. Desde su perspectiva, una revaluación tan acelerada afecta la competitividad de los sectores exportadores y debilita la capacidad de generar divisas, empleo y desarrollo económico, especialmente en las regiones rurales.
El impacto sobre el café es especialmente sensible por tratarse del principal producto agrícola de exportación de Colombia. Según explicó el dirigente gremial, la apreciación acumulada del peso en el último año cercana a $746 por dólar ha significado que cada carga de café deje de recibir entre $500.000 y $550.000 únicamente por efecto cambiario, sin que haya mediado una reducción en la calidad, el volumen o el esfuerzo del productor.
En otras palabras, el mismo café que hace un año se vendía en el exterior a un determinado precio hoy genera menos ingresos en pesos para el cafetero, simplemente porque el dólar vale menos en el mercado local. Para miles de familias que dependen de este cultivo, esa diferencia representa una porción significativa de sus ingresos mensuales.

El problema se agrava en un entorno de costos crecientes. El sector enfrenta presiones derivadas de la inflación, el aumento del salario mínimo y unas tasas de interés que, según las proyecciones, seguirán siendo altas durante 2026. Así, el productor recibe menos pesos por cada dólar exportado, mientras debe pagar más por insumos, mano de obra y financiamiento.
Esta combinación estrecha los márgenes de rentabilidad y limita la capacidad de inversión en renovación de cafetales, mejoras tecnológicas y prácticas de sostenibilidad, justamente cuando los mercados internacionales exigen estándares cada vez más altos en trazabilidad, calidad y responsabilidad ambiental.
Desde la Federación Nacional de Cafeteros subrayan que el reclamo no se basa en la búsqueda de tratamientos preferenciales, sino en la necesidad de preservar la competitividad de un sector estratégico para el país. Proteger el ingreso cafetero, señalan, es también proteger el empleo rural, la estabilidad de las regiones productoras y la capacidad exportadora de Colombia.
En ese sentido, el gremio ha planteado la importancia de una política macroeconómica que ayude a equilibrar las condiciones para el aparato productivo. Esto incluye una ruta fiscal creíble, un gasto público más eficiente y un sistema de recaudo que no castigue la formalidad ni la producción.
Para el sector cafetero, la fortaleza de la economía no debería medirse únicamente por el valor de la moneda, sino por la capacidad de generar valor agregado, empleo y divisas de manera sostenible. En un país exportador, una tasa de cambio alineada con la realidad productiva sigue siendo una pieza clave para que el café colombiano mantenga su lugar en los mercados del mundo.
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