Cambiar el rumbo

Hay dos clases de críticas: las que buscan destruir buscando fomentar caos y desconcierto, y las que buscan sugerir amables y necesarios cambios para llegar a un mejor destino de una manera más expedita y con mejores resultados.


Por: Andrés Felipe Gaviria

Todos sabemos que el presidente del país se llama Iván Duque y de él no hay la menor duda, me atrevería a decir que ni la oposición más retrechera que pueda existir, de que el mandatario es una persona honorable, transparente, de buenas intenciones y que es un buen ser humano.

Sin embargo, esas condiciones no son las únicas que determinan si un gobierno es bueno, regular o malo; por el contrario, ser demasiado bueno en el poder para algunos filósofos de la historia no es algo correcto, pues a veces se necesita algo de maldad para gobernar, pero en este caso no nos ocuparemos de eso.

A casi 16 meses de que Iván Duque llegara a la presidencia de Colombia, lo cierto es que no ha pasado nada; se podría decir que todo sigue igual y nada cambia; que el panorama no es más alentador que hace 2 años.

Lo más curioso de esta situación es que resulta bastante incomprensible que habiendo escogido un cambio y habiéndonos salvado de lo que significaría una presidencia de Gustavo Petro para este país, hoy se vislumbre un panorama muy corriente, lleno de altibajos, dudas, incertidumbre, pero sobre todo, desconfianza.

Es cierto que Duque no es culpable de todas las coyunturas económicas que se han presentado, pero también es cierto que es muy culpable de no haber ejecutado las grandes reformas de segunda y tercera generación que son requeridas en nuestro país.

¿Por qué? Porque no tiene capital ni peso político y porque ha caído en incoherencias que hoy se las están cobrando.

El presidente colombiano lleva más de un año intentando hacer cambios, ajustando, revisando, haciendo pruebas de ensayo y error, etc., pero llegó el momento de que Duque se pellizque porque queremos que haga bien las cosas o por lo menos yo quiero creer, porque pienso y defiendo a las personas que estamos en la legalidad y apostamos por el desarrollo del país.

Si a Duque le va bien, al gobierno le va bien, al país le va bien y a los colombianos nos va muy bien. Es una ecuación muy fácil, lógica de entender y es de consecuencia y coherencia.

Sin embargo, cómo va el rumbo del actual gobierno, pues no vamos bien. Quizás los habladores que Duque tiene en su entorno hoy lo están haciendo mal y no le han hecho caer en cuenta de los errores que comete.

Lo más grave es que estos creen que algunas críticas que se le hacen son ataques personales y ese es el mal de los gobernantes modernos; prefieren rodearse de habladores y de personas que les dicen que todo está muy bien, que todo aquel que critique o no esté de acuerdo con las decisiones es un enemigo, pero cuando salen a la calle se dan cuenta que todo es un caos.

Ese es precisamente uno de los problemas que tiene Iván Duque hoy. Duque debe asegurar el futuro económico del país; no puede seguir dando vainazos; no puede seguir con políticas que van en contra del crecimiento económico y aunque él podrá refutar que estamos creciendo el 3%, lo cierto es que no está cumpliendo con las políticas de reactivación económica porque no está dando los alicientes suficientes, no solo para la inversión extranjera sino para quienes hacemos empresa en este país.

La inseguridad sigue desbordada en todas las ciudades; aún no les entra la reforma a la justicia, no hay construcción de cárceles, no hay ni siquiera un asombro de mano dura; hay paros cada dos días y parece que los jueves se convirtieron en el día especial de todos los inconformes que gustan del caos para hacer protestas por equis o ye razón; porque llueve, porque hace sol o porque no cae nieve.

Además, Duque y su ministro de Defensa han permitido que la Policía se amancille, los ataquen y los agredan de cualquier forma sin que pase nada. Acá la policía no tiene peso y eso evidencia una falta de autoridad.

Si nos vamos a otros extremos, la caída de la reforma tributaria o disfrazada Ley de Financiamiento, así como la política ambigua sobre el proceso de paz, porque de hecho no se sabe en qué punto está parado en el proceso, hasta su mala relación con el congreso; la poca gestión de sus ministros, la preferencia por estar en cocteles, eventos, foros y conversatorios por parte de funcionarios del Gobierno, y no, no lo están haciendo bien…

Duque puede cambiar la historia y hasta puede tomar decisiones de fondo con el tema de Venezuela. Una de ellas es que se quede en donde esté, “chupándose” toda la crisis de ese país, con lo significa la inseguridad, el desempleo, la mendicidad, etc. porque Duque, o cierra la frontera y no deja pasar venezolanos, o acepta la intervención militar que tampoco ha querido.

Estar en un punto medio está asfixiando a nuestro país y esos puntos medios a Duque lo están matando.

De manera que aún está a tiempo de corregir para poder hacer las cosas mejor, rodearse mejor y darse cuenta que está cometiendo errores.

Por ejemplo, puede nombrando mejores personas en sus carteras. Está demoradísimo para los relevos en los ministerios de Defensa, Interior y Cultura, e incluso, Justicia porque parece que ministra Margarita Cabello no existiera y ese no es un buen indicador.

Presidente Duque: No espere hasta diciembre o hasta enero; haga los cambios ya que el tiempo no da espera y el país no lo puede seguir esperando.