Cambio de canal

Foto: Cortesía.

Por: Santiago Echavarría

En pleno siglo XXI, en una época donde la tecnología no parece tener límites promoviendo cambios exponenciales que modifican las condiciones y prometen una mejor calidad de vida a la sociedad, se nos apareció la reciente pandemia del COVID-19. Pocos la veían llegar, y en menos de lo que nos imaginamos ha evidenciado, una vez más, la fragilidad de las sociedades, y más claramente la del ser humano ante cambios significativos de diversos tipos.

Si bien en lo últimos años se viene hablando de megatendencias y sus impactos, entendidas estas como las fuerzas de cambio sociales, demográficas, tecnológicas y medioambientales que están reconfigurando los sistemas sociotécnicos, y representan cambios globales en el comportamiento de los ciudadanos, tal vez solo hasta el inicio del 2020 no habíamos percibido tan directamente, y en carne propia, lo que esto significa.

El COVID-19 ha sido disruptivo en muchos sentidos, creando una clara fractura en las formas en que tradicionalmente desarrollábamos los procesos de interacción social y económica. Es como si el televisor hubiera cambiado de canal de un momento a otro. Dos palabras podrían definir esta disrupción: velocidad y percepción.

Fue tal la velocidad del cambio, que nos cogió sin estar preparados. De repente la percepción de la realidad es otra, y lo que considerábamos valioso, es cuestionable. La vulnerabilidad de Colombia desde la perspectiva económica y social es grande.

¿Y la acción? ¿Cómo ha sido, y cómo será nuestra respuesta? Tremendas preguntas para una situación extraordinaria, que lo que sí nos deja claro, es que su abordaje también deberá ser disruptivo, y no inercial.

De manera más concreta, pienso que el desarrollo de la tecnología como expresión de la inteligencia humana debe ser parte de la respuesta misma a esta realidad. Probablemente no será suficiente, pero sí necesaria para reconstruir el tejido empresarial que sostiene el empleo, para mantener −¿y por qué no?− mejorar la cobertura y calidad de la educación, y para acelerar las soluciones ambientales que tanto necesitamos.

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La pandemia ha demostrado, por fuerza mayor, que la adopción de las tecnologías de información y comunicación, más que un deseo, es una necesidad, sin embargo, al mismo tiempo ha sacado a flote algunos de los grandes retos para afrontar el proceso de transformación digital y de mayor propensión a la sostenibilidad.

Primero, debemos preparar de forma disruptiva el nuevo talento humano en habilidades del siglo XXI, y al mismo tiempo, reeducar el talento humano existente para mejorar sus competencias, con el fin de lograr un buen nivel de desempeño en esta nueva configuración. Inaplazable el “cambio de canal” en la educación.

Segundo, el teletrabajo y la educación virtual ahora sí llegaron para quedarse. Aquí la tecnología será una buena herramienta, pero el verdadero reto estará en el desarrollo de nuevos modelos organizacionales que equilibren la relación alumno – docente, trabajador – jefe, en ambientes competitivos. Inaplazable el “cambio de canal” para desatrasar la conectividad e innovar en modelos pedagógicos y de gestión, como puerta a los “tech y green jobs”.

Tercero, la incorporación de las llamadas “tecnologías de la Cuarta Revolución Industrial’ en nuestro contexto empresarial puede ser una manera de cerrar brechas de productividad y competitividad. Por ejemplo, a nivel del campo es urgente pensar en serio en agroindustria 4.0. Inaplazable el “cambio de canal” en nuestros empresarios.

Cuarto, los desafíos derivados del cambio climático deben integrar extremos. La mirada radical económica versus la defensa ambiental no contribuye a trabajar en el mismo sentido. Una mayor conciencia ciudadana y el posicionamiento de la economía ambiental y de las ciudades inteligentes y sostenibles vienen ganando terreno. Inaplazable el “cambio de canal” hacia una competitividad sostenible.

Quinto, los arreglos institucionales y la gobernanza asociada a la implementación de estas respuestas exige cambios. Necesitamos, entre otros, más trabajo conjunto, más trabajo interdisciplinario y más trabajo interinstitucional para lograr metas más ambiciosas y exigentes. Inaplazable el “cambio de canal”.

El canal cambió, ¿y usted?

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