Cartagena a la deriva

Más que un cumplido y cliché, se volvió trágico que la Cartagena que pocos conocen siga su camino al abismo, acompañada de un descalabro administrativo.


Quizá la ciudad más turística de Colombia, la que se vende en cada postal y la que cuenta la historia a través de sus calles, murallas y cultura, hoy está sumida en un verdadero caos y crisis política por cuenta de los últimos alcaldes que ha tenido, la corrupción que campea y una población que no asiste a la invitación del cambio. Lo único que ha mantenido a flote a la ciudad en los últimos años es su naturaleza y esencia pura e infinita, pero de no ser por eso, hoy tendríamos otro Chocó, Buenaventura o Tumaco.
El último caso que terminó de calar y herir de muerte la política Cartagenera fue el apresamiento de su alcalde Manolo Duque, además de su suspensión. Venía de una alcaldía orientada por Dionisio Vélez, quien en dos años logró hacer una que otra cosa importante, pues su antecesor había fallecido y ya se traía un lastre de casi 7 años de retraso. Vigentes están los problemas de Cartagena como nunca, aumentan todos los días, la desigualdad cada hora es más amplia y la división adentro de la ciudad se hace más profunda. Ya no cabe un edificio más en la zona más exclusiva de Cartagena, todo lo que se mire es oro, pero para el otro lado de la ciudad, nos encontramos con personas muy pobres que han tomado el camino de la ilegalidad para tratar de sobrevivir. Por eso, se volvió normal que se registren entre 6 y 10 atracos al día en las zonas de la élite, y por ahora no se ha tomado como un problema profundo, sino que se mantiene el postulado de Laissez-Faire.
La situación político-judicial es esta: El alcalde Manuel Duque está preso; dos concejales de la ciudad están presos, al igual que la contralora distrital. En los pasillos de la política Cartagenera se especula que más capturas vendrán contra concejales, pues todos participaron en entramados de corrupción y componendas. Todo lo anterior está poniendo en peligro la legitimidad del gobierno, la confianza ciudadana, la inversión extranjera y hasta la estabilidad de la región. 360 pudo establecer que se han cancelado 6 millonarias inversiones por parte de firmas americanas y londinenses en la ciudad, ante este desbarajuste y le brecha de inequidad tan absurda.
En la práctica, los grandes empresarios, industriales, políticos y turistas solo van a una pequeña parte de Cartagena, lo más lejos que van es hasta el aeropuerto. Por eso no se dan cuenta de la la grave crisis de la ciudad y creen que todo está normal. Claro, se percatan del microtráfico y prostitución rampante en el centro histórico, pero prefieren hacerse los ciegos ante la situación.
Hoy al frente de la alcaldía esta Sergio Londoño Zurek, persona de confianza del presidente Juan Manuel Santos y quien intenta sacar de lo más profundo a la institucionalidad que hoy ha sido sepultada por una serie de hechos y decisiones sistemáticas que han acabado con la ciudad. Zurek se venía desempeñando como director de la agencia de cooperación internacional, quien aún se encuentra allí pero a distancia, pues la prioridad es Cartagena. Muchos allegados al presidente Santos le han pedido incluso como favor personal que intervenga Cartagena, pues de no hacerlo, las consecuencias venideras son más que oscuras.
Se han surtido algunas reuniones entre políticos, empresarios, industriales, gremios e influyentes de la ciudad para tratar de hacer un pacto por la recuperación, pero el escollo es que no hay nadie que se atreva a coger las banderas y comenzar con la ejecución de ese plan. El problema de todo esto es que hay una bomba de tiempo social que cada día es más grande, y que cuando menos se piense, puede explotar.

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