El centro de Medellín es tétrico

Por: Andrés Felipe Gaviria Cano

Es entrar a un entorno totalmente irregular, en donde no existen las leyes ni el orden, allí se vive una ley del monte en la cual miles de personas van con la certeza de que entran con sus pertenencias pero que quizá salgan sin ellas. Un carro puede salir afectado fácilmente por culpa del caos en la movilidad  y hasta la misma autoridad peligra en varias zonas de este lugar.


En las capitales del mundo e incluso en ciudades intermedias, el centro es un espacio de encuentro y sana convivencia, donde se recopilan años de historia y en donde sus pasajes dan cuenta de todo un proceso evolutivo arquitectónico y cultural. Restaurantes de todo tipo ocupan las plazas y sus espacios, cientos de tiendas ofrecen sin ningún problema sus artículos y las personas locales y turistas pueden ir sin mayor temor, con sus cámaras, bolsos y accesorios, para pasar un buen momento. Si miramos un caso complejo de centro de ciudad, es Manhattan, allí coexiste quizá el mayor centro financiero del mundo y miles de turistas por todas las calles. Es a una velocidad impresionante todo lo que se da, los buses y trenes no paran, el trafico a veces suele ser pesado pero siempre prima una tranquilidad.

Medellín ha tenido obstáculos gigantes en todo su desarrollo, aún y aunque suene a cliché, el narcotráfico no solo nos dejó una marca nefasta e imborrable, sino que como todavía existe en mayor proporción pero en menos exhibición, se ha camuflado en nuestra sociedad poco a poco convirtiéndonos en una economía y sociedad que convive y en la practica se beneficia de la ilegalidad. Es imposible ocultar que hoy buena parte de la economía de Antioquia se sostiene gracias a los dineros del narcotráfico. Acá tenemos una gran lavandería y las autoridades parecen no percatarse, parece que ya se acostumbraron a ver a los “empresarios de alto riesgo” como unos importantes “comerciantes”.

El centro no es más que un territorio en donde la primer muestra de ilegalidad y desorden es ver esa cantidad de puestos de venta por las calles y andenes, y en donde se pueda poner, igual saben que nada les va a pasar. 100% de las cosas que venden son piratas y ni si quiera conocen que es una factura. Algo más organizados en cuanto a espacio están los que venden muchos celulares robados, pues es tan lucrativo el negocio que pueden alquilar locales comerciales. Hay que resaltar que esta alcaldía ha propinado golpes a muchos de estos comerciantes que venden equipos robados y que muchas veces han ocasionado la perdida de vidas inocentes.

Carretas de frutas, las personas por la mitad de la calle, vehículos mal parqueados, los buses parando en la mitad de la calle, bafles a todo volumen en cada esquina, la zozobra de ver a ladrones de frente sin ningún problema y el total caos de transitabilidad hacen que el centro sea una zona hostil, casi prohibida para cualquier ciudadano de bien. Es por eso que es normal escuchar: que pereza ir al centro, cosa que no pasa en ciudades como la  mencionada en el primer párrafo de esta columna.

La actual administración municipal, en cabeza del alcalde Federico Gutiérrez, ha tenido una obsesión válida, y es recuperar el centro, lo que de por sí creo yo algo tiene de conexión con lo que trato en esta columna, pues uno no recupera lo que está bien y lo que está dentro del marco de la legalidad. Es claro que las intervenciones tienen que ser integrales, pero a mi manera de ver hace falta mucha más mano dura. En la alcaldía de Aníbal Gaviria se intentó entrar al centro con cuerpos de espacio publico, transito, policía y todos terminaron relegados en la avenida oriental por cuenta de los ilegales que los sacaron con palos y piedras.

Realmente creo que lamentablemente hoy el centro sigue siendo tierra de nadie, donde es una selva de cemento en la que el mayor anhelo es salir sin que pierdan los objetos que se portan. Ni hablar de la Avenida León de Greiff y todos los entornos del Museo de Antioquia, donde fácilmente pueden haber entre 15 y 20 atracos al día en cualquier hora. Está lleno de indigentes, drogadictos, ladrones y toda clase de maleantes.

Es necesario que se ataque frontalmente el lavado de activos, hacer muchos más operativos al interior del centro con el ejercito nacional y obviamente las autoridades que velen por los derechos humanos, pero hay, por lo menos, hacerles dar un poco de temor a quienes hoy infringen la ley sin ningún lío en el centro de la ciudad.