¿Cuál es el contexto?: El panorama del empleo en el país muestra señales de alerta en el escenario global. De acuerdo con el más reciente informe emitido por la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (Ocde), la nación experimentó un retroceso relativo en su posición internacional, escalando del sexto al quinto lugar entre las economías con los niveles más altos de inactividad laboral dentro del bloque multidimensional.
El reporte, que analiza el comportamiento del mercado con un corte consolidado al mes de abril, evidencia la complejidad estructural de la absorción de mano de obra en el territorio nacional según Ocde. Al situarse en este nuevo peldaño, el país únicamente es superado en materia de desocupación por cuatro miembros del organismo: Finlandia, España, Chile y Grecia.
El desempleo en Colombia sube en la Ocde en medio de profundas brechas regionales
El movimiento en el escalafón ocurre en un contexto de baja volatilidad internacional. En el periodo analizado, el entorno laboral de la Ocde mostró una calma generalizada: solo seis de las economías pertenecientes al grupo reportaron descensos notables en sus tasas, mientras que otra cantidad idéntica registró incrementos.

Cuando el mercado internacional permanece plano, cualquier alteración o desmejora en las métricas internas de un país adquiere un impacto estadístico y político mucho más severo. Para el caso colombiano, el ascenso hacia los puestos de vanguardia en desempleo se complementa con un incremento nominal en el volumen de personas sin ocupación. En términos anuales, la cifra global de desocupados en el país experimentó un repunte de 67.000 ciudadanos, pasando de un total previo de 2,27 millones a situarse en 2,33 millones de individuos buscando activamente empleo.
Más allá de los porcentajes rígidos y las variaciones estadísticas, los analistas sectoriales ponen el foco sobre las características del empleo que actualmente se está gestionando en la economía nacional. La falta de dinamismo para enganchar personal bajo contratos formales directos sigue siendo el talón de Aquiles de las dinámicas productivas.
“Parte del empleo generado hoy no es de calidad ni formal directo, sino tercerizado, lo que indica que la absorción se da, en buena medida, por vías precarias”, advirtió Juliana Morad, directora del Departamento de Derecho Laboral de la Universidad Javeriana.
Esta tendencia se traduce en que la población que logra ingresar o reincorporarse a la fuerza laboral no lo hace, en gran porcentaje, mediante los canales de la contratación tradicional y estable. Por el contrario, se está canalizando a través de esquemas flexibles, subcontrataciones o actividades informales que carecen de garantías prestacionales y solidez a largo plazo.
A esta problemática se suma una profunda disparidad geográfica. Mientras ciertas urbes del país consiguen mitigar el impacto y registrar números de desocupación notablemente bajos, existen centros regionales estancados con tasas elevadas que disparan el promedio generalizado del país.
Si bien la desaceleración del empleo o los cambios en la participación laboral no son fenómenos exclusivos del entorno local, los expertos coinciden en que los efectos colaterales de estas tendencias golpean con mayor fuerza a las naciones que arrastran deudas sociales e institucionales previas. En mercados robustos, una décima de variación puede asimilarse rápidamente; en Colombia, la vulnerabilidad de los ingresos familiares hace que el paso al quinto lugar de la Ocde deje al descubierto la persistencia de debilidades de fondo que la economía aún no logra resolver de manera sostenible.
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