Colombia, lejos de la verdadera paz

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Por:
Andrés Felipe Gaviria

Mientras persistan diferencias tan sustanciales en lo básico de la vida de miles de personas, será imposible poder alcanzar la paz.

NoColumna estoy en contra de la paz , tampoco contra el proceso de negociación entre el gobierno nacional y la guerrilla de las FARC.  Ojalá y llegue a buen puerto, ojalá y esos delincuentes de las FARC cumplan con lo que se comprometen. Acá en Colombia nos acostumbramos a vivir de emoción en emoción, de partido en partido y anuncios amarillistas. Se ha perdido la importancia de debatir sobre las tesis fundamentales del estado; justicia, educación, salud, política, seguridad y competitividad. De lo anterior, poco o nada nos queda.

La palabra paz es muy bonita, aglomera muchas cosas y despierta sentimientos blindados ante la realidad. Por eso, hablar de una “paz” me parece irresponsable, máxime, cuando tenemos a diario titulares tan tristes e increíbles, como que los niños aún se mueren de hambre en Colombia. La paz no la hace Uribe, Santos, Ordoñez, De la Calle, Timochenko o Romaña. Miremos al interior de tantas familias, solo basta con observar cualquier noticiero para darse cuenta del “realismo mágico” que vivimos en Colombia. Violencia intrafamiliar; riñas; homicidios; fleteo; peleas en los estadios; bandidos que quedan libres por cuenta de nuestra justicia; políticos corruptos; etc.

Hoy la palabra seguridad y justicia en Colombia no se deberían ni mencionar, mucho menos salud; los que no tienen medicina prepagada tienen prohibido enfermarse en este país. Hacinamiento en las cárceles, descontrol en las calles, jueces que conceden libertad a delincuentes para que sigan haciendo de las suyas, policías que no se pueden defender ante un bandido, y la inseguridad que crece sin control en todas las ciudades de esta nación.

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Ni hablar de las obras, de la corrupción, de las altas cortes, de nuestro congreso y de otros actores que hacen que el diario vivir parezca una pesadilla sin terminar. Ahora el salario de los congresistas superó los 27 millones, mientras millones de personas tienen que vivir hoy a punta de deuda y con altos intereses, gracias a los recientes aumentos de tasa por parte de nuestro Banco de la República, buscando controlar una inflación, que no parará, sino hasta cuando baje el dólar.

El ciudadano no está confiando en las instituciones, tampoco cree en sus gobernantes, podría afirmar que hoy en Colombia la palabra confianza no existe. Vivimos en un constante miedo y suspicacia, el valor de la palabra hoy en día es nulo y prima la trampa, el atajo o el dicho, “el vivo vive del bobo”.

Colombia tiene más territorio del que puede gobernar, la ausencia del estado ha desencadenado una cantidad de fenómenos terribles para nuestra sociedad. Aún no entiendo como hablamos de “vivir en paz” cuando departamentos como el Chocó, Guainía, Putumayo, Caquetá, Vaupés y el Vichada parecen de otro mundo. Son tierras de nadie, donde con razón, nacen fuerzas y grupos ilegales que aparecen a suplir la ausencia del estado.

Insisto en la necesidad de comenzar a legislar y debatir sobre los aspectos fundamentales del estado, sobre los temas esenciales y que consolidan unas bases de todo país. Busquemos solución al hambre, a la salud, justicia, seguridad y empleo. Lo demás vendrá solo y por el esfuerzo de cada uno de los Colombianos. No podemos seguir pretendiendo que siempre debatiendo temas coyunturales y gobernando para unos pocos, se arregle el país.

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En buen ahora llega el fin del conflicto con las FARC, pero como dice el vicepresidente Vargas Lleras, ¡Ojalá y cumplan!.

 

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