Colombia no vota por candidatos con convicciones

Por: Andrés Gaviria Cano


La democracia está concebida como el modelo más cercano a lo “bueno y justo”, tratando de legitimar las decisiones al estar sujetas a la voluntad dela mayoría de una población, cosa que en el contexto práctico y entendible no se discute, pero que durante la ejecución de políticas por parte de los elegidos, muestra grave falencias que hace cuestionar si realmente se elige bien, y si se tienen controles posteriores sobre sucesos que nada tienen que ver con el particular escogido.

Una de mis más sinceras criticas hacia la política colombiana va enfocada en la pésima preparación que tienen los electores; la incapacidad de leer programas de gobierno, de observar debates serios, de extraer sus propias posiciones a partir de artículos periodísticos, además de ir a las urnas con un voto autónomo, seguro e importante, no con calculo de “voto útil” nada más o con el pensamiento en el beneficio propio y no en el colectivo. Hoy lo que tenemos es una muestra clara del nivel de política que tiene Colombia; todas las instituciones deslegitimadas, una desconfianza absoluta hacia cualquier corporado, dignatario o político, además de un lastre de malas noticias que hacen perder la esperanza en el país.

Personalmente soy enemigo profundo de este kínder de partidos que se han formado en Colombia; asumo la posición que cree que solo deberían existir a lo sumo cuatro partidos, ¡Nada más!. El travestismo político se volvió normal, todos son buñuelos políticos; se voltean solos y nadie se da cuenta, además que habla muy mal de cualquier político que este cambiándose de camisa cada cuatro años, prostituyendo su posición y alterando sus creencias, que al final solo es una muestra que carece de convicciones y una posición clara, que es lo que se busca en una elección.

Nada peor que repetir el próximo año esa idiotez de elegir a uno para que pierda mi enemigo, o tener que llegar al punto de votar por descarte, por que la “mayoría” va con ese, por que ese “me conviene” o por que “me dijeron”. Lo anterior es uno de los factores de la podredumbre política colombiana. Si cada ciudadano saliera con la cédula en su mano, con la mente tranquila y el corazón inteligente, consciente de su decisión y seguro de su elección, las cosas cambiarían para bien y seguramente la conciencia no daría tan duro en el futuro. Realmente la democracia está sobrevalorada, cuando un candidato gana, de inmediato se olvida de sus electores y principales colaboradores para ir a servir a los grandes monopolios, a quienes los chantajean y a sus “nuevos mejores amigos”.

Un ejercicio válido es que cada uno revise como se han turnado el poder las mismas familias en Colombia, como se han ido pasando el bastón de mando de generación en generación. Un día están de procuradores, otro de contralores, luego de ministros y ya después de candidatos. En su mente tienen claro el esquema del gobierno, de la rama judicial y legislativa, para ir saltando de una en una sin ningún pudor y asegurarse estar en el poder 10, 20, 30 y hasta 40 años. Hay veces que creo estamos en un parque de Orlando con tanto delfín rosado, y no en Colombia, pero lo más curioso es que los ciudadanos siguen votando por los mismos que han gobernado hace 40 años y que son culpables del pésimo estado de la política nacional.

Las convicciones son más que importantes; necesarias, perentorias, transversales y esenciales. Si una persona, un candidato carece de ellas no se debe esperar absolutamente nada. Será un barco más en la deriva que tomará orientación según la corriente que le convenga, sin un rumbo fijo y sin prisa por brindar buenos resultados. Ahora el próximo año tenemos unos candidatos que, ¡válgame Dios!; han tenido tres, hasta cuatro camisas políticas distintas, primero dicen estar de acuerdo con que el matrimonio gay pero al otro día dicen que no. Se les pregunta por el aborto y dicen que no, pero que sí. Así sucesivamente, son ambivalentes para cada tema que es cardinal en la agenda política de un país, por lo cual no podemos esperar mucho.

Existe en economía algo que se llama “asimetría de la información”, es algo que actúa en los mercados y es primario para las partes. Se trata de conocer como piensa el otro, que quiere el otro, predecir sus palabras, acciones, decisiones y movimientos. Algo completamente sencillo que permite trabajar de una mejor manera y hacerse a expectativas reales. Si Colombia vota por un candidato como Jorge Robledo, Gustavo Petro o Alejandro Ordoñez sabe a qué se atienen, qué esperar y qué no esperar, cosa que aplaudo y que creo necesario resaltar, pues son candidatos con convicciones, tesis profundas que defienden y que no van al vaivén de las olas, sin identidad.

Creería que los colombianos deben tomar de manera muy seria las elecciones del próximo año y por primera vez depositar un voto inteligente que sirva para sacar este país adelante.

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