Colombia sumida en la incertidumbre

Foto: Luisa González/Reuters

EDITORIAL

Los últimos acontecimientos en nuestro país han despertado más escepticismo, duda e incertidumbre de lo que normalmente ronda a nuestra nación. El panorama es poco alentador.


Ya era conocido que la justicia en nuestro país no estaba funcionando. Ya también se había evidenciado que la desconfianza en las instituciones está siempre al borde del colapso, y claramente que hace falta un verdadero liderazgo político para afrontar los retos que tiene el país.

Desde esta editorial hemos planteado, en numerosas ocasiones, los problemas que tiene actualmente Colombia y vemos con desaliento cómo se han abordado estos, y sobre todo, de qué manera han sido evacuados prematuramente y sin mayor estudio de la agenda pública del país.

Es de resaltar que teníamos una fe ligera y efímera en que el gobierno nuevo del presidente Iván Duque hiciera unos cambios que le permitiera devolverle la esperanza a Colombia, y sobre todo, darle un sentido de pertenencia a cada uno de los colombianos y llevar a cabo unas grandes reformas en lo esencial que el país necesita.

Fuera de eso, se ha conocido que este primer año que va a cumplir el presidente Duque de gobierno ha sido absolutamente paquidérmico, como una momia, pues no ha tenido mayores avances en la agenda legislativa, no ha tenido mayores gestiones a nivel de gabinete, y en otro sentido del ámbito político y económico, no ha logrado revitalizar la economía colombiana y la capacidad de los ciudadanos de volver a creer en su país.

La semana pasada llegamos a uno de los casos que evidenció la situación actual de la justicia en Colombia y es el caso de ‘Jesús Santrich’, demostrando que nuestra justicia requiere un revolcón de grandes proporciones.

Convocar a un acuerdo nacional como lo ha hecho el presidente Duque no es más que una reedición de los múltiples llamados acuerdos que se han hecho en los últimos 12, 14 años de vida política en el país, tratando de ser una mala copia e la tesis que siempre profundizó Álvaro Gómez Hurtado, una de las más mentes más brillantes de nuestro país, que fue lastimosamente asesinado por la izquierda colombiana.

En otro sentido, a Duque no le queda de otra que echar mano de lo que nunca ha querido echar mano y es de darle una participación a los partidos políticos en su gobierno, porque de lo contrario no va a encontrar un rumbo claro para redireccionar y enderezar el camino que ha tomado su presidencia.

El acuerdo sobre lo fundamental no debe ser sobre acuerdos burocráticos, debe ser sobre unos acuerdos que garanticen la institucionalidad del Estado en materia de justicia, seguridad, activar y sacar adelante las reformas que el país necesita y que deben ser tramitadas a través del Congreso, y en general, la lucha contra la ilegalidad debe ser una puesta por el bien común, por los valores superiores de la sociedad y no del beneficio personal.

De tal manera que desde esta editorial queremos ser muy claros, precisos y respetuosos con el diagnostico del país que como mencionábamos para nada es alentador; hoy Colombia está en un ‘stand by’ mediocre, en un punto en donde puede pegar retroceso gordo y echar a la borda lo poco que se ha avanzado pero ha sido sustancial, o en definitiva cambiar lo que se ha hecho hasta hoy que no ha funcionado.

Iván Duque no le puede dar más largas a cambiar algunos ministros de su gabinete; no puede seguir en una posición timorata cuando los contextos demandan más vehemencia, más severidad en la toma de decisiones, porque de lo contrario, no solamente su imagen va a seguir cayendo, sino también la percepción del país y sabemos que eso no conviene para el futuro inmediato a nivel político y administrativo ni para la calidad de vida de los ciudadanos de Colombia.