Combatir la contaminación con medidas necesarias y responsables, más no populares

Las decisiones para combatir la contaminación no van a ser las más populares, pues afectan normalmente a las clases menos favorecidas, y propician un dilema para quién toma la decisión: ser popular o ser responsable, la vida es la que está en juego.


EDITORIAL

Con el comienzo de los nuevos gobiernos regionales en Colombia, también llega la temporada más perjudicial para el aire que respiran los colombianos, como lo son febrero, marzo y abril.

Una contaminación que es altamente nociva para la salud de las personas; quien no quiera ver que no vea pero que sepa y entienda que hoy hay analogías tan peligrosas como que, salir a la calle puede ser similar a fumarse veinte cigarrillos al día, o que un niño fume tres o cuatro cigarrillos al día, por cuenta del esmog, de las partículas cancerígenas que ingresan a los pulmones, afectando a las poblaciones más vulnerables, niños y adultos mayores.

Está claro que los principales contaminantes es el dióxido de nitrógeno en diésel y en gasolina, que contamina la atmósfera y desde luego, está otra importante fuente de emisión de gases por parte de las industrias, además de la acumulación de basuras, residuos, entre otros que aportan a ese total de contaminación. En ciudades como Medellín y Bogotá, las causas de la contaminación están diagnosticadas.

En el 2012, la contaminación atmosférica causó la muerte de siete millones de personas alrededor del mundo; esta cifra ha ido creciendo y eso ha llevado a que otras ciudades capitales del mundo como Barcelona, París y Madrid, tomen decisiones impopulares pero que son necesarias. En Colombia, este tipo de decisiones parecen lejanas, como por ejemplo, prohibir el diésel.

El diésel es la principal fuente de agentes cancerígenos de la partícula PM 2.5. Las soluciones que se han planteado, como restringir el tráfico, fomentar el uso de transporte público, los vehículos eléctricos o híbridos, reducir la velocidad en las carreteras, favorecer el uso de las bicicletas, más calles peatonales e instalar medidores de contaminación, han sido bien intencionadas, pero poco efectivas.

En primer lugar, los gobiernos no han tenido el valor para decirle a las personas que cuando estamos en alertas amarillas, naranjas, o peor aún, rojas, no se debe permanecer mucho tiempo en la calle, ni hacer ejercicio, sea correr, caminar, montar bicicleta, porque les afecta directamente en las vías respiratorias.

Aun en Antioquia existen retos como sacar la industria del área metropolitana; en Bogotá, con la ventaja de no estar rodeados de montañas han tenido más años para no darse cuenta del grave aire que respiran en la capital, pero basta con mirar a la ciudad desde la Avenida Circunvalar o Monserrate, para ver esa densa nube de esmog que cubre a la ciudad y todos sus habitantes.

Las volquetas, buses, camiones y motos son las principales fuentes de contaminación en ciudades como Bogotá y Medellín. Irónicamente y para pesar de muchos, los vehículos particulares no llegan ni al 10 por ciento de la responsabilidad por contaminación, y aun así, sin querer pasarlos en blanco se tiene que afectar e incluir a los vehículos particulares que funcionan con motores diésel, incluso, muchos que haciendo la suma de los 120 millones que funcionan con esta clase de motor.

El parque automotor envejecido sin ningún control, los esfuerzos del gobierno ha sido insuficiente y se los han pasado por la faja camioneros, buseros, volqueteros y dueños de vehículos particulares. El aumento de la venta de motos es incontrolable año tras año y la realidad es que hoy las motos pueden llegar a ser el mayor contaminante en ciudades como Medellín.

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS) se calcula que anualmente 1,3 millones de personas mueren a causa de la contaminación en las ciudades; hoy las más contaminadas son Pekín, Nueva Delhi, Stuttgart y El Cairo, el gran problema que afrontan las ciudades colombianas hoy es saber cómo mitigar esa contaminación.

En Barcelona, por ejemplo, fijaron zonas bajas de emisiones para 2020 y logró la restricción de más de 100.000 motos por cuenta de ser contaminantes. Las motocicletas matriculadas desde el 2003 no podrán circular por la zona de baja emisión, lo cual significa que el 40% de las motos de esa ciudad quedarán por fuera.

A los alcaldes Daniel Quintero y Claudia López, la recomendación es sincera: tomar las decisiones necesarias, responsables por la vida y no las más populares, así tiene que ser y la gente lo debe entender.

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