¿Cómo afecta a un candidato su entorno nocivo?

Existen casos donde hay candidatos preparados, con un respaldo popular y buenos registros en encuestas y sondeos populares, pero también suceden factores externos que muchas veces las personas normalmente, no pueden observar.


Por: Redacción 360 Radio

A la hora de analizar las distintas causas por las cuales se puede perder una campaña, se piensa si falló la estrategia, el mensaje que se le envió a las personas, los aliados, si hubo errores en los debates, si no se hizo la publicidad suficiente, entre otros. Todo entra en el derrotero de una matriz donde se puede evidenciar cuáles fueron esas principales causas por las cuales no se logró el éxito.

La gente fuera de la campaña también puede intentar inferir en qué falló, si la propuesta fue rechazada, si no hubo claridad con los proyectos que pretendían ser aplicados en su comunidad o si definitivamente, el aspirante tiene características de una persona no elegible.

Una de las razones que también hacen perder la campaña – para algunos es desconocida o simplemente no tiene tanto peso en la razón de la derrota – es el entorno del candidato. Este entorno por lo general suele ser un asesor general, asistente, secretario privado, asesor de comunicaciones, estratega de la campaña y gerente. Este es un círculo que no supera las seis o siete personas, es el primer anillo de un candidato.

Cuando un aspirante a un cargo público se sumerge completamente en una campaña política pierden la noción del tiempo, sus agendas, compromisos personales, fechas importantes para el y su familia, ya que su único objetivo es ganar y solo, quienes han estado ahí, pueden entender de lo que se trata.

Es función y responsabilidad del entorno del candidato hacer que él no parezca alguien que no es, que no pierda la humanidad que lo compone, sensibilidad social, tacto, responsabilidad con sus deberes y la cercanía con los demás.

En ese sentido, existen protagonistas externos como los gremios, empresarios, medios de comunicación, políticos y otra clase de personas que buscan hablar con los candidatos en campaña y, por el anterior motivo, las agendas se vuelven complicadas e imposibles de abordar. Hay prácticamente un secuestro de la agenda por parte de uno o dos asesores del equipo y de ahí emana lo que algunos conocen como omisiones, maltratos, prepotencia y orgullo.

Ha ocurrido en distintos casos de campaña que un candidato por las mediciones que se han hecho se siente ganador, que logró su objetivo y que está lejos del segundo por lo que empieza a tomar una posición más de mandatario que de aspirante. Su equipo lo hace de la misma manera, o incluso peor. Empiezan a repartir puestos, gerencias, direcciones, asesorías, contratos, excluyen a quienes llegaron tarde, los que no llegaron, hacen listas negras, listas blancas y se convierte en una labor casi mezquina aun sin ganar. Todo esto sin contar con que no atendieron a las personas que debían, porque la agenda estaba llena.

Esto origina espirales que realmente son imposibles de mostrar estadística o científicamente, pero desde una perspectiva si se puede ir entendiendo qué está pasando. Las personas pueden inferir algo que sucede y pueden prever el resultado, por eso muchas de las personas que se sintieron maltratadas, ignoradas u omitidas en los procesos electorales, toman la decisión, de una forma muy humana, por orgullo personal y motivaciones individuales, irse hacia donde otro candidato que si dedique el tiempo necesario y destaque la importancia requerida.

En varios casos los entornos han ocasionado derrota de candidatos, transformaciones no autorizadas donde se muestra una persona que no es y solo al final de la campaña, cuando la derrota llega, son conscientes de todos los errores que se cometieron, las acciones que su entorno cometió y de las cuales no tuvo conocimiento y que, probablemente, incidieron en el poco respaldo de los electores.