El principal corredor logístico de Colombia, que enlaza el interior del país con las terminales marítimas de Buenaventura, enfrenta un escenario crítico de parálisis que va más allá de las millonarias pérdidas financieras. Diversas agremiaciones del sector transporte han lanzado un urgente llamado de auxilio ante el Gobierno Nacional, advirtiendo sobre una compleja situación de desabastecimiento y una crisis de bienestar que golpea de forma directa a cientos de conductores atrapados en la carretera.
La parálisis vehicular, detonada por manifestaciones ciudadanas en puntos neurálgicos de la infraestructura del Valle del Cauca, mantiene inmovilizados a miles de tractocamiones. Más allá de la interrupción en el flujo de mercancías y materias primas esenciales, el impacto en las condiciones de vida de los transportadores independientes y de carga pesada ha encendido las alarmas de las principales juntas directivas del sector logístico nacional.
Parálisis vial en Buenaventura genera desabastecimiento de gas y alimentos
Los balances presentados por los gremios de transporte evidencian que el personal que custodia la carga se encuentra desprotegido en mitad del corredor vial. Al no contar con terminales de descanso ni paradores habilitados para estadías prolongadas, los operarios se han visto obligados a pernoctar a la intemperie o dentro de las cabinas de los automotores.
Esta contingencia prolongada ha limitado drásticamente el acceso a mínimos vitales. Los conductores no disponen de servicios sanitarios básicos, puntos de aseo personal o acceso constante a agua potable. Asimismo, las alternativas para adquirir alimentación regular se han reducido severamente a lo largo del tramo afectado, lo que debilita la salud e integridad física de las tripulaciones en medio de un clima de constante incertidumbre.

Por otro lado, la preocupación se extiende a la seguridad civil, dado que los vehículos permanecen expuestos a posibles saqueos o alteraciones del orden público. Las empresas operadoras enfatizan que la asignación de viáticos y anticipos financieros originales resulta insuficiente para cubrir los gastos corrientes derivados de una retención forzosa de varios días en la vía.
El impacto socioeconómico de los bloqueos ya se siente con rigor en el distrito portuario y sus zonas aledañas. Reportes locales confirman que la detención de las flotas de suministro impidió el paso de vehículos cisterna, provocando la suspensión temporal del servicio de gas natural domiciliario y comercial en Buenaventura. A esto se suma el riesgo de escasez de productos básicos de la canasta familiar y alimentos concentrados para la industria avícola de la región.
Las cifras logísticas reflejan la magnitud del freno económico. Por este corredor vial transitan usualmente más de 4.600 camiones diarios, movilizando cerca de 55.000 toneladas de productos de importación y exportación. La inactividad forzada rompe los ciclos logísticos y deteriora la confianza en los puertos del Pacífico colombianos.
Ante la gravedad del panorama, el gremio transportador ha solicitado una intervención articulada y urgente de los ministerios del Interior, Transporte y Minas, así como de la Agencia Nacional de Infraestructura (ANI) y las autoridades aduaneras. Las solicitudes apuntan no solo a despejar las vías mediante mesas de concertación eficaces con las comunidades de manifestantes, sino también a diseñar planes de choque inmediatos. Entre las propuestas urgentes se encuentra la flexibilización de los turnos portuarios, la habilitación de operaciones de cargue durante las 24 horas del día una vez se levante la medida de fuerza, y la suspensión provisional de restricciones vehiculares para acelerar la evacuación de las toneladas de carga actualmente represadas en el suroccidente del país.
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