¿Cuál es el miedo a una Constituyente?

Constantemente leo excusas desgastadas como que es “un salto al vacío”, “es una puerta que se abre, pero no se sabe cuándo se cierra”, “sabemos donde empieza pero no dónde termina”. Parece que muchos colombianos prefieren morir lentamente con leves dolores pero prologando el sufrimiento a intentar cambiar todo.


Por: Andrés Gaviria

Colombia se encuentra en un estado realmente preocupante, se siente un vacío de poder y una ausencia de liderazgo realmente lamentables. No permito que se quiera convertir en verdad que quienes tenemos posturas críticas y no lambonas al gobierno de turno somos antipatriotas o que queremos que al presidente Duque le vaya mal, todo lo contrario, estar por encima del bien y del mal permite ver con objetividad y tranquilidad cada uno de los procesos que se adelantan. La política en este país no tiene nada de fácil, se asemeja más a una estructura mafiosa pero en el marco de la legalidad; los intereses casi siempre son personales, ahora no mandan a asesinar a las personas sino a encarcelarlas, se aprovechan las nuevas tecnologías para hacer montajes y en general, casi siempre termina recreándose la ley de la selva en nuestro diario vivir.

Un Estado se puede considerar fallido cuando las personas no confían en las instituciones del Estado, la justicia no opera correcta y efectivamente, sus índices de inseguridad son altos y su economía no tiene un buen desempeño. Desde varios prismas se obtendrán distintos resultados, pero en lo que a mí me concierne, Colombia no está lejos de ser ese tipo de Estado, sino que sigue siendo una selva tropical que vive el día a día, con problemas hasta el cuello y sin soluciones a la vista.

El actual presidente ha manifestado a través de sus aliados, voceros, ministros y en algunas ocasiones él mismo, que el relacionamiento con el Congreso y las cortes es complicado, más porque, según él, se venía de un entendimiento a través de un idioma poco ortodoxo, la supuesta mermelada. Van ocho meses del gobierno nuevo del Centro Democrático y la verdad es que poco o nada se ha avanzado. Parece que todo lo que prometieron en campaña, todas las criticas que hicieron y toda la lora que dieron se les olvidó tan pronto llegaron al poder. La realidad del país hoy es: hectáreas de coca creciendo, consumo de drogas creciendo, inseguridad disparada, economía estancada, desempleo subiendo, situación con Venezuela en vilo, relaciones diplomáticas deterioradas con EE.UU. y Rusia, no hay reforma a la justicia, se consiguió una ley de financiamiento a medias tintas, la Ley TIC parece más lejana y menos real, y en general, no es más que un gobierno de picotazos. Mucho anuncio, poca acción, poca ejecución y demasiado genuflexo. No tiene liderazgo, tiene seis ministros que están para el cambio prácticamente desde que empezaron y hoy los colombianos no sienten que realmente haya existido un cambio en la manera de gobernar.

A todo lo anterior el gobierno dice que es culpa del Congreso y las cortes, además de no contar con las suficientes herramientas legales para adelantar esas grandes revoluciones que traigan beneficio al país. En ese orden de ideas y si eso es verdad, no se entiende por qué el miedo de Duque a salir en televisión nacional y comunicarle al país que, ante la imposibilidad de trabajar con Congreso y cortes, él convoca a una Constituyente, revoca cortes y Congreso, y así tenemos un nuevo comienzo para Colombia. Preocupa es que quiénes hoy están en el poder y son muy bravos pero en redes sociales, no en la realidad, aducen que una Constituyente es un salto al vacío, que es una salida incierta y que es mejor seguir así como vamos.