De ránquines universitarios y otros demonios: Cesar Buriticá

De ránquines universitarios y otros demonios

 Cesar Buriticá

La estructura propuesta por los ranquin universitarios ha impuesto un cambio en la esencia que dio origen a la universidad. Cuando se piensa en educar, pareciera que más bien se trata de entrenar o adoctrinar para sobresalir, mientras se paga el precio de alejarse cada vez más del ideal de formar para la vida, indicador que resbala a las mediciones.

Los ránquines universitarios propician que las universidades se exijan y orienten sus esfuerzos a dar visibilidad a su producción científica. El prestigio que otorga estar en una buena ubicación de un ranquin contrasta con la incomodidad e inevitable comparación de quienes no están en lugares de exaltación pública. Estos listados comprometen a las instituciones de educación superior, en ocasiones, con un nivel subjetivo de calidad y de competencia voraz entre académicos y las mismas universidades.

Existen una gran variedad de estas escalafones alrededor del mundo y cada uno determina distintos criterios de medición: Algunos miden cantidad de patentes, premios nobel, cantidad y calidad de publicaciones científicas, su impacto y nivel de citación, así como reputación académica, percepción de los empleadores, número de académicos en tiempo completo respecto del número de estudiantes, proporción de académicos con doctorado, impacto en la Web, entre otros factores.

Solo por mencionar uno de tantos casos, en el QS World University Rankings, la primera universidad colombiana aparece en el puesto 274 (Universidad de los Andes), sin embargo, su equivalente latinoamericano, el QS Latin American University Rankings, ya muestra a 11 universidades entre las primeras 100 de este escalafón, siendo así, más visibles en una mínima expresión de cobertura.

Algunas instituciones exaltan y divulgan públicamente los resultados de los ranquin para presentarse positivamente ante la sociedad, otros desconocen y deslegitiman las mediciones, pero no se podrá desconocer la utilidad que tienen estos a la hora de determinar el nivel de organización, proyección y visibilidad de la investigación que se adelanta en las universidades colombianas.

 

Ranquin como aporte normativo

No es que las instituciones de educación superior en Colombia se hayan esmerado solo para estar mejor ubicadas en los ranquin nacionales o mundiales, se trata, más bien, de que ciertos requisitos de carácter internacional y en parte también la incursión del sistema nacional de indexación y homologación de revistas especializadas de CT+I – Publindex, llevaron a repensar lo que las universidades colombianas investigaban y cómo la visibilizaban ante la comunidad científica.

Para esto, las universidades y sus investigadores tuvieron que estandarizar procesos, clarificar la forma en cómo se presentaban resultados de investigación, establecer un lenguaje común, controlado y, sobre todo, crear una conciencia de que los proyectos de investigación también respondían a estándares globales.

Los ranquin universitarios exigen entonces la unificación de parámetros para que un artículo sea considerado de investigación científica o tecnológica, es decir, lo que requiere una revista para ser indexada (criterios de calidad editorial ISSN): Calidad científica (evaluación por pares académicos), periodicidad y visibilidad en bases de datos internacionales. Esto propone una normalización y demanda calidad en las publicaciones científicas colombianas, lo que será después cuantificado por los diversos ranquin. Se trata de un aporte indirecto para organizar la casa y ser más visibles en el escenario de la medición mundial.

 

De ranquin y otros demonios

Los ranquin también han sido detonantes de presiones y de cambios estructurales en la esencia y dinámica universitarias; algunos de éstos cuentan con criterios muy elevados para el contexto y realidad de las universidades colombianas, así, pretender estar en estos ranquin es una intención mágica que raya con la premura mercantil que a veces consume a las universidades. No es ignorancia, no es falta de ambición y superación, es una realidad local que no es medible para algunos ranquin, quizá  para los de mayor reputación y alcance.

Vanessa Restrepo Schild, joven científica, afirmó en este mismo medio que “en Colombia se hacen investigaciones del primer mundo con recursos del tercero”. Es un problema también del sistema de prioridades en la agenda pública colombiana, y aun así lo que se hace es meritorio y no siempre tiene que ser medible y cuantificado.

Estas mediciones han llevado, también, a que las universidades condicionen la labor docente. El referente pedagógico de profesor y maestro ha cambiado o limitado a tener que ser todos científicos. Hay profesores investigadores y profesores que son maestros, ambos vitales para la vida académica y riqueza crítica universitaria. ¿Dónde queda, por ejemplo, la medición ranqueada de la labor docente con proyección social o de investigación aplicada en la sociedad?

Los ranquin universitarios han forzado a las universidades a pensar que investigación es solo para ranquear bien a la institución, han reducido la investigación a unas normativas de publicación, a unos formatos y a una cuantificación de las citas. Las universidades han caído en ese juego de monopolio en clave de conocimiento en un contexto donde se propende cada vez más por la democratización y acceso a éste.

Por otro lado, los ranquin han llevado a la unificación de un lenguaje que va aislando la importancia de pensar los asuntos esenciales de una universidad. Un docente puede no ser investigador o científico, pero tendrá publicaciones de difusión cultural, novelas, cuentos, obras de creación literaria o artística; hay sistemas que miden esto, pero no tiene ningún peso científico y mucho menos marcará diferencia en un ranquin universitario.

Las mismas universidades se han encargado de marcar y consolidar esta diferencia entre docentes investigadores y el considerado maestro. Bonificaciones salariales se otorgan constantemente a aquellos científicos que logren buen nivel de citación de sus artículos o que sus revistas generen impacto y, por ende, mejores índices para el próximo ranquin en el que aparecerá en un puesto privilegiado la universidad. Esto ha propiciado también que algunos docentes investigadores se sumerjan en una nociva sociedad del mutuo elogio, los de la ciencia del “tú me citas, yo te cito”, llegando incluso hasta problemas de plagio identificados por varias revistas científicas de carácter nacional.

Esto ha llevado a que las tradicionales “guerras del centavo” se trasladen a las universidades en manos de académicos investigadores. El conocimiento es poder, y dinero. Un profesor que tiene vocación de maestro pareciera, en este contexto, tener menos oportunidades y prestigio que uno que publica textos científicos de alto impacto en los ranquin. Es menester de las universidades colombianas exigir la producción de sus docentes, pero la generalización nociva de que todos deben publicar textos científicos porque eso impacta en los ranquin va en detrimento de quienes investigan simplemente para su clase, una conferencia o hasta para unas asesorías.

Por: César Buriticá (@buriticacesar)

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