La ilusión de presenciar la final de la Copa del Mundo 2026 en vivo se ha convertido, para muchos, en un lujo inalcanzable. En una decisión que ha sacudido los cimientos del deporte global, la FIFA ha actualizado sus tarifas oficiales, triplicando el costo de las ubicaciones de primera fila para el partido definitivo que se disputará el próximo 19 de julio en el MetLife Stadium.
Lo que inicialmente se proyectaba como una de las citas más inclusivas de la historia, hoy enfrenta duras acusaciones de elitismo. Los asientos de Categoría 1, que anteriormente tenían un precio máximo de 10.990 dólares, han saltado a la astronómica cifra de 32.970 dólares. Este incremento del 200% responde, según fuentes oficiales, a la alta demanda y a la madurez del mercado de entretenimiento en Estados Unidos.
FIFA adopta el modelo de la NFL y los grandes conciertos para su partido estrella
El ajuste tarifario no solo afecta a la final. La FIFA ha comenzado a implementar por primera vez un modelo de «precios dinámicos», similar al utilizado en grandes conciertos o eventos de la NFL, donde el valor de la entrada fluctúa en tiempo real según el interés del público. Semifinales: Los boletos de nivel superior en sedes como Arlington y Atlanta ya superan los 10.000 dólares. Fase de grupos: Ver a la selección de Estados Unidos tiene un costo que oscila entre los 840 y los 3.000 dólares, dependiendo de la ubicación. Mercado de reventa: En la plataforma oficial de intercambio de la FIFA, se han registrado publicaciones absurdas que alcanzan los 2.3 millones de dólares por asiento, de los cuales el organismo recauda una comisión del 15% tanto al comprador como al vendedor.

La noticia no ha pasado desapercibida en las esferas gubernamentales. Legisladores de Nueva Jersey y figuras políticas de diversos sectores han enviado misivas al presidente de la FIFA, Gianni Infantino, exigiendo transparencia sobre lo que denominan prácticas de precios «opacos». Por su parte, Infantino ha defendido la postura de la organización argumentando que se están limitando a aplicar las tasas del mercado actual. Incluso, en un tono irónico frente a los precios de reventa, llegó a declarar que, si alguien pagaba 2 millones de dólares por una entrada, él mismo «le llevaría personalmente un perro caliente y una gaseosa».
La brecha económica respecto a Mundiales pasados es abismal. Para la final de Qatar 2022, el boleto más costoso se situaba cerca de los 1.600 dólares. En apenas cuatro años, el acceso a la zona de mayor privilegio ha pasado de ser una inversión considerable a representar el costo de un vehículo de gama media o el pago inicial de una vivienda.
A pesar de que la FIFA mantiene una categoría de precios reducidos (alrededor de 60 dólares para residentes y zonas específicas), estas entradas son limitadas y se agotan en cuestión de segundos mediante sorteos, dejando a la gran mayoría de los seguidores a merced de un mercado que parece priorizar la rentabilidad sobre la pasión popular.
Con la inauguración a solo un mes de distancia, el debate sobre si el fútbol sigue siendo el «deporte del pueblo» está más encendido que nunca. La Copa del Mundo de 2026 será, sin duda, la más lucrativa de la historia, pero también corre el riesgo de ser recordada como la que cerró sus puertas a la clase trabajadora.
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