El corazón de la Sierra Nevada de Güicán, El Cocuy y Chita ha perdido uno de sus latidos más antiguos. El Instituto de Hidrología, Meteorología y Estudios Ambientales (Ideam) ha oficializado una noticia que la ciencia temía y la naturaleza venía anunciando: el glaciar de los Cerros de la Plaza se ha extinguido definitivamente.
Este evento, documentado con rigor técnico durante el pasado mes de marzo, no representa un suceso aislado ni repentino. Es, en realidad, el cierre de un capítulo de degradación ambiental acelerada que se ensañó con las cumbres colombianas en las últimas décadas. La muerte del glaciar es el síntoma más visible de un paciente, el ecosistema de alta montaña, que lucha por respirar bajo la presión del calentamiento global.
Panorama general: Para entender la magnitud de la pérdida, basta con mirar las cifras históricas que el Ideam y el Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) han rastreado con apoyo del Observatorio de la Tierra.
- Siglo XIX: A mediados de 1850, el glaciar de los Cerros de la Plaza era una imponente masa de hielo que cubría aproximadamente 5,5 kilómetros cuadrados.
- Año 2016: Tras más de un siglo de retroceso, la superficie se había reducido a un fragmento crítico de apenas 0,15 km².
- Actualidad: El contador ha llegado a cero.
La ubicación geográfica del glaciar y la drástica disminución de las precipitaciones en forma de nieve, el «alimento» necesario para que un glaciar se mantenga vivo, sentenciaron su destino. Al estar situado en los Andes tropicales, una de las zonas más sensibles del planeta frente al aumento de la temperatura, Cerros de la Plaza se convirtió en el «canario en la mina» del cambio climático en Colombia.
Cambio climático en Colombia: El fin del glaciar de los Cerros de la Plaza en El Cocuy

La extinción de un glaciar no es solo la pérdida de una postal de nieve. Los expertos advierten que este fenómeno altera profundamente la regulación hídrica. Los glaciares funcionan como reservorios que liberan agua gradualmente, alimentando páramos y cuencas que abastecen a comunidades río abajo.
«La desaparición de este ecosistema es una advertencia directa sobre la fragilidad de nuestros recursos vitales», señalan informes técnicos tras el monitoreo.
Sin el hielo, el equilibrio térmico de la alta montaña se rompe, afectando la flora y fauna endémica que depende de condiciones climáticas específicas. La roca desnuda, que ahora reemplaza al blanco eterno, absorbe más calor, lo que podría acelerar el calentamiento de las áreas circundantes.
Por qué es importante: La pérdida de Cerros de la Plaza deja un vacío en la Sierra Nevada de El Cocuy y en la identidad ambiental del país. Este suceso obliga a la comunidad científica y a las autoridades a replantear las estrategias de adaptación, pues evidencia que la transformación climática ya no es una amenaza futura, sino una realidad que está redibujando el mapa de Colombia.
Hoy, la Sierra Nevada es un poco menos blanca, y el país pierde un testigo milenario de su historia natural. La extinción de este glaciar queda como un recordatorio mudo, pero contundente, de la urgencia de proteger los ecosistemas que aún resisten en las alturas.
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