El consumo mundial de carbón rompe récords históricos

La demanda global de carbón ha alcanzado volúmenes sin precedentes, superando los 8.800 millones de toneladas durante los últimos dos años

El panorama energético global atraviesa una paradoja sin precedentes. Mientras las inversiones en energías renovables alcanzan cifras multimillonarias, el carbón el combustible más denso en emisiones de carbono se niega a abandonar el trono. Según los datos más recientes de la Agencia Internacional de la Energía (AIE) y diversos organismos de monitoreo, el consumo mundial de carbón ha encadenado dos años de récords históricos en 2024 y 2025, situándose por encima de los 8.800 millones de toneladas

El cierre de 2024 marcó un hito alarmante: el consumo global creció un 1,5%, impulsado principalmente por la robusta actividad económica en los mercados emergentes. Sin embargo, lejos de estancarse, las proyecciones para el cierre de 2025 indican un nuevo incremento, aunque más moderado, del 0,5%. Este ligero avance es suficiente para establecer un nuevo techo histórico, confirmando que la dependencia del «oro negro» sólido sigue siendo el pilar de la seguridad energética para gran parte de las potencias mundiales.Este fenómeno se explica mediante una combinación de factores climáticos y económicos. Las sequías en regiones dependientes de la hidroelectricidad y las fluctuaciones en el precio del gas natural han obligado a muchas naciones a recurrir al carbón como un respaldo confiable y económico para evitar apagones.

El carbón como refugio: Los altos precios del gas disparan el uso de térmicas

El eje de la demanda se ha desplazado definitivamente hacia el Este. China e India representan actualmente más del 70% del consumo mundial. En el gigante asiático, el carbón no solo alimenta las centrales eléctricas, sino que es vital para su industria química en expansión. Por su parte, India se ha consolidado como el principal motor de crecimiento absoluto, impulsada por un desarrollo urbano acelerado y una infraestructura siderúrgica que requiere suministros masivos de energía firme.A pesar de que China ha instalado una capacidad récord de energía solar y eólica, la intermitencia de estas fuentes ha llevado a Pekín a mantener e incluso ampliar su parque térmico como medida de estabilidad.

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Foto: redes sociales

Lo que ha sorprendido a los analistas en 2025 es el comportamiento de economías avanzadas que parecían estar en una ruta de salida definitiva. En Estados Unidos, el declive estructural del carbón experimentó un freno significativo. Factores como el aumento de la demanda eléctrica derivada del auge de la Inteligencia Artificial y los centros de datos, sumado a un cambio en las políticas de apoyo a la minería tradicional, han ralentizado el cierre de plantas térmicas.

En la Unión Europea, aunque la tendencia sigue siendo a la baja, el ritmo de reducción se ha suavizado en comparación con años anteriores. La necesidad de mantener la competitividad industrial frente a los altos costos energéticos ha devuelto al carbón un protagonismo que muchos consideraban cosa del pasado.

Este auge del carbón pone en jaque la meta de limitar el calentamiento global a 1,5°C. El año 2024 fue el primero en la historia en superar este umbral de temperatura de manera sostenida, y el uso intensivo de este mineral es señalado como el principal responsable.

Expertos de Global Energy Monitor advierten que, aunque estamos cerca de un «pico» en la demanda, el descenso posterior podría ser demasiado lento. «Estamos ante una meseta prolongada más que ante una caída abrupta», señalan los analistas. La transición hacia fuentes limpias avanza a una velocidad vertiginosa, pero mientras la demanda eléctrica global siga creciendo al ritmo actual, el carbón parece destinado a seguir siendo el invitado de piedra en la matriz energética mundial por lo que resta de la década.

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