El detalle oculto en la polémica DANE vs. UGPP sobre cifras del mercado laboral

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Hace un par de semanas varios académicos de distintas universidades e investigadores expertos cuestionaron las cifras oficiales del DANE sobre los ocupados formales en el país, una variable que no solo es altamente sensible políticamente, sino completamente trascendental dentro del mercado laboral y la economía del país.   

La controversia surgió principalmente porque el DANE publicó una cifra de trabajadores formales que no coincide con lo reportado por la UGPP. La primera, es la entidad gubernamental cuya función es precisamente llevar el récord estadístico del país como insumo para la toma de decisiones y el diseño de políticas públicas; y la segunda, la entidad de fiscalización de los recursos del Sistema de Seguridad Social Integral y parafiscales. Ambas son públicas y adscritas al poder central.

Lo primero que quedó claro en el debate es que el criterio de medición de la formalidad laboral es distinto metodológicamente para ambas entidades. Miden variables similares, pero de una forma distinta: mientras el DANE se basa en la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH), la UGPP utiliza la Planilla Integrada de Liquidación de Aportes (PILA). Es decir, indagan por lo mismo pero con preguntas y fuentes distintas.

Ello explicaría la diferencia de datos y justificaría la disparidad de conclusiones, dada la divergencia en la metodología y las fuentes. Esta rápida explicación dejó satisfechos a muchos y otros académicos incluso salieron a pontificar que no había ningún problema “porque estaban hablando de cosas distintas”.

Sin embargo, problemas sí había y muchos. Y esto fue exactamente en lo que un investigador del Observatorio Laboral de la Universidad Javeriana profundizó. Adrián Garlati, PhD., docente e investigador de este centro de pensamiento con mucho tino señaló que “las mediciones en base a cada fuente no deberían comportarse de forma sistemáticamente diferente a través del tiempo” refiriéndose a las distancias entre la formalidad leída por el DANE desde la GEIH y aquella captada por la UGPP en la PILA.

Dijo el investigador: “si los ocupados formales se están incrementando en la GEIH también deberían aumentar en la UGPP [PILA], y viceversa. Puede que ambas mediciones no coincidan en cada momento del tiempo y el corto plazo, pero las tendencias en el mediano y largo plazo deberían indicar el mismo fenómeno: la formalidad crece/decrece a través del tiempo”. Esto lo encontró a partir de analizar que los datos desde 2023 mostraban que la tendencia de crecimiento de los ocupados formales se estancó para la UGPP según la PILA, pero para el DANE, con base en la GEIH, siguieron aumentando progresivamente.

Esa diferencia ya no se explica simplemente porque la UGPP y el DANE midan la formalidad con una metodología distinta o se basen en fuentes diferentes. Las tendencias indefectiblemente deberían coincidir con el tiempo.

Y ahí fue donde el investigador encontró la pieza que le faltaba al rompecabezas de la polémica: el cálculo de estadísticas laborales con base en la GEIH (que hace el DANE) depende del uso de lo que se denomina técnicamente “factores de expansión” o “ponderadores”, lo que, en sus palabras, “permiten poder extrapolar los datos de la muestra de la encuesta a la población”. El uso de estos ponderadores -que hacen posible una proyección estadística más detallada- no debería tener incidencia respecto de las tendencias con las magnitudes ponderadas. Es decir, si una muestra se incrementó, la magnitud ponderada mantendrá la misma tendencia.

Sin embargo, los datos no cuadran después de 2022. A partir de allí, las tendencias cambian rotundamente respecto de los trabajadores formales y también respecto de los informales y los ocupados totales, donde se evidencia una evolución positiva con la aplicación de los ponderadores y una evolución negativa sin los mismos. Pero, además, frente a los desocupados totales esa tendencia no se evidencia y se mantiene con la misma tendencia histórica.

Lo anterior lo que quiere decir es que con el uso de los ponderadores de la GEIH del DANE después de 2022 para la medición de la formalidad, la informalidad y la ocupación, las cifras muestran que bajó la informalidad laboral y subieron la formalidad y la ocupación (todos indicadores positivos y políticamente aprovechables). Pero, mientras tanto, la tendencia de la desocupación se mantuvo con la misma tendencia histórica, algo que no era macroeconómicamente coherente.

En este contexto, el experto fue contundente con otra conclusión: “Esto no es lo que ocurre cuando no se usan los ponderadores de los cálculos con la GEIH. Comparando la misma serie obtenida de la UGPP con la muestra de los formales sin ponderar en la GEIH vemos que las tendencias sí son mucho más parecidas tanto antes como después del 2022. Es decir, parece que la muestra sin ponderar de la GEIH sigue mucho más de cerca al comportamiento de los cotizantes registrados por la UGPP”.

Y aquí vino un hallazgo del investigador Garlati que clarifica todo el panorama: la entidad actualizó los ponderadores y ello tuvo un efecto directo en las tendencias y los datos.

En palabras del experto, el DANE “actualizó los factores de expansión desde enero de 2022, ajustándolos al censo de 2018 (el anterior censo había sido en 2005). Esto coincide precisamente con el momento donde algunas de las series calculadas empiezan a divergir entre ponderadas y no ponderadas, así como de la comparación de los formales GEIH versus UGPP”.

En palabras simples, lo que sucedió es que el DANE aplicó unos ponderadores actualizados que comenzaron a mostrar tendencias positivas en variables tan políticamente sensibles como la formalidad, la informalidad y la ocupación; mientras otras mediciones (como la de la UGPP) reflejaban un comportamiento distinto.

Al margen de la previsibilidad del impacto de dicha actualización, lo cierto es que fueron las cifras que nutrieron ampliamente el caldeado debate electoral de los últimos meses y no necesariamente estuvieron técnicamente ajustadas a la realidad del mercado laboral del país, o por lo menos no fueron muy transparentes metodológicamente. Con justa razón el experto Garlati reclama que “quizás sea necesario una revisión de esta actualización de ponderadores de forma que los cálculos con estos reflejen mejor la realidad del mercado laboral de Colombia”.

Con esto, lo que se concluye de este debate técnico es que la transparencia de los datos de cara a la opinión pública y a la comunidad académica también incluye la claridad de la metodología y las fuentes con las que se construyen esos datos. No es suficiente con que se publiquen cifras y tendencias, además, en contextos altamente politizados, sin que exista una pulcritud en la metodología de su producción.

La directora del DANE renunció en las últimas horas. Por motivos personales.

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