La estabilidad climática del país enfrenta un nuevo desafío. Tras un periodo de transición marcado por la neutralidad, los modelos meteorológicos más recientes indican que el fenómeno de El Niño está a las puertas de consolidarse. Según el reporte técnico entregado por las autoridades ambientales, esta probabilidad del 61% para el trimestre mayo-julio es solo el inicio de una escalada térmica que podría alcanzar niveles críticos hacia el cierre del año.
El monitoreo constante de las temperaturas superficiales en el Océano Pacífico ecuatorial ha revelado señales inequívocas de calentamiento. Aunque durante los meses de abril y mayo se han registrado precipitaciones en diversas zonas del territorio nacional, los expertos advierten que estas podrían ser las últimas lluvias regulares antes de que el déficit hídrico comience a manifestarse con fuerza.
La probabilidad de El Niño sube al 61% y pone en jaque el suministro de agua
De acuerdo con el Ministerio de Ambiente, la proyección no se detiene en junio. Los datos sugieren que la probabilidad de persistencia del fenómeno aumentará de manera constante durante el segundo semestre de 2026, proyectando una confianza superior al 90% para el mes de septiembre. Esto posicionaría a El Niño no como un evento pasajero, sino como una condición climática dominante para el resto del año y principios de 2027.
La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) ya ha emitido circulares preventivas a gobernadores y alcaldes. El objetivo es activar los planes de contingencia frente a posibles sequías extremas, incendios forestales y la disminución de los niveles en los embalses, factores que podrían presionar tanto el suministro de agua potable como la generación de energía eléctrica.

Uno de los puntos de mayor preocupación radica en la seguridad alimentaria. El aumento de las temperaturas y la alteración en los regímenes de lluvia impactan directamente en los ciclos de cosecha. Las autoridades recomiendan a los productores agrícolas y ganaderos: Optimizar el uso del agua: Implementar sistemas de riego eficientes y evitar el desperdicio. Vigilancia de cultivos: Estar alerta ante la proliferación de plagas que suelen aparecer con el clima seco. Protección del ganado: Asegurar fuentes de hidratación y suplementos alimenticios para enfrentar la escasez de pastos.
Si bien la probabilidad de establecimiento es alta para junio, la intensidad del fenómeno sigue bajo análisis. Actualmente, los modelos climáticos estiman que existe un 25% de posibilidad de que este evento evolucione hacia un «Niño fuerte» o incluso de magnitud superior para el último trimestre de 2026. Por ahora, las anomalías térmicas se sitúan cerca de $+1$ °C, lo que ya es suficiente para alterar los patrones de viento y humedad en la región.
El Gobierno Nacional ha hecho un llamado a la ciudadanía para adoptar hábitos de ahorro de agua y energía desde ahora. «Este es el momento de anticiparnos; la prevención es la herramienta más valiosa para proteger la vida y la economía frente a la variabilidad climática», señalaron voceros del sector ambiental. Con el reloj meteorológico marcando el final de mayo, el país entra en una fase de vigilancia reforzada. La evolución de las próximas semanas será determinante para definir el rigor con el que El Niño impactará el día a día de millones de personas en todo el territorio.
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