El inevitable unilateralismo estadounidense

Por: Redacción 360 Radio


Las imágenes del mundo multipolar son cada vez más difíciles de entender para muchos estudiosos de las relaciones internacionales, con llamados, de un lado, a construir el orden internacional a partir de nuevos espacios para la cooperación económica, política y militar, y del otro, a insistir en el mantenimiento del liderazgo occidental en la conducción de los asuntos globales. Para las grandes potencias presentes en la cumbre del G-7, que se celebró en Quebec los días 8 y 9 de junio, son claros los desafíos y las amenazas a su preeminencia, por el ascenso sostenido de los BRICS y de otras potencias emergentes, pero además se reedita ante ellos la tendencia estadounidense al unilateralismo, mientras que Canadá, Alemania, Francia, Reino Unido, Italia y Japón parecerían asumir una postura multilateral.

La mirada cortoplacista e inmediatista de los acontecimientos mundiales, imperante en las grandes cadenas de televisión y en la prensa, sugiere que el comportamiento de Estados Unidos en la cumbre del G-7, como en el encuentro entre el presidente Trump y Kim Jong-un en Singapur, el 12 de junio, es circunstancial y se debe al temperamento cambiante de Donald Trump. En parte es cierto, si solo se examinan las declaraciones de este en cada reunión o el modo hostil en que trata a los jefes de Estado de los países aliados, frente a la simpatía hacia el dictador norcoreano. Pero trascendiendo esos episodios puntuales, Estados Unidos, como cualquier superpotencia, ha exhibido siempre su pretensión de actuar en solitario, igual que lo hizo Roma, incluso en tiempos de la República. Así como Trump, Nixon consideraba que las condiciones del comercio internacional le eran desventajosas a su país y que Estados Unidos lo habían dado todo por sus aliados (aludiendo a los acuerdos de Bretton Woods y el escenario de posguerra), mientras que estos no habían hecho nada en retorno.

En Poder y Debilidad, Robert Kagan habla sobre las diferencias entre Europa y Estados Unidos, explicando las razones por las cuales hay en este último una preferencia inevitable por un orden sustentado en la hegemonía, a diferencia de Europa, que opta por el equilibrio de poder. No debería extrañar a nadie que siga el curso de la historia, la actitud de los gobernantes cuando lo son de grandes poderes. Durante la dinastía Qing, la última de los tiempos imperiales, China percibió a las potencias comerciales europeas como inferiores y se veía a sí misma como garante de un orden universal.

A pesar de las salidas de tono de Trump, las dos reuniones de estos últimos días son de importancia histórica. El G-7 se halla en un momento de redefinición existencial, con Europa enfrentando la crisis migratoria más grave desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, y Japón intentando conservar una posición relevante en el extremo oriental del continente asiático. Por su parte, el encuentro de Trump y Kim Jong-un es el primero entre dos presidentes de Estados Unidos y Corea del Norte y, a pesar de la notoria improvisación del primero, y que los acuerdos suscritos no sean tan concretos como para lograr pronto la completa desnuclearización de Corea del Norte, es indudable que Estados Unidos resulta imprescindible en el actual contexto internacional. No hay otra potencia capaz de ocupar su lugar, pero tampoco parece que China, Rusia, India, Irán o la Unión Europea tengan la voluntad de hacerlo.