El país necesita un Gobierno más fuerte y conectado con la realidad

EDITORIAL

El Gobierno del presidente Iván Duque pareciera estar desconectado de lo que acontece en Colombia en muchos momentos de la cotidianidad. Otra vez los números empiezan a castigar su gestión.


Las preocupaciones de la mayoría de los colombianos siguen siendo las mismas que cuando Juan Manuel Santos era presidente, y todos podemos recordar con facilidad las críticas que promovía el partido Centro Democrático y el entonces senador Iván Duque hacia ese Gobierno. Sus discursos estaban plagados de un contenido admirable porque se notaba que esa colectividad estaba palpando el pulso del país y lo que estaba sintiendo y demandando, a grandes rasgos, la sociedad colombiana.

En ese sentido, se supone que cuando uno está durante ocho años en la oposición como lo estuvo el Centro Democrático, se puede construir una agenda de trabajo en favor de la mejoría de un país con base en todos los errores y falencias que ha detectado en ese Gobierno al que tanto se criticó y se atacó por distintos frentes por lo pasivo, por lo supuestamente corrupto, injusto, entre otras acusaciones.

Lo que ha sucedido es que el actual Gobierno llegó al Palacio de Nariño el pasado 7 de agosto y pareciera que se le ha olvidado todo lo que habló en campaña, todo lo que vociferaron durante sus ocho años en oposición y todos los trinos que publicaron. Están cerca de cumplir un año en el poder y aún siguen diciendo que tienen cuatro años para hacer de Colombia un país más justo, equitativo, seguro y con una economía más sólida. Lo cierto es que no han hecho ninguna transformación, no han tocado ninguna base importante que pueda resaltarse como un granito de este Gobierno.

Sus promesas incumplidas son varias, sus anuncios fafaracheros son numerosos; solamente por recordar dos promesas que hasta ahora están siendo incumplidas: la de eliminar la ley de garantías y una ley que permita que las pequeñas empresas les paguen en menos de 90 días, anuncio que Duque hizo cuando el presidente de Chile, Sebastián Piñera, había hecho esto realidad en ese país.

La inseguridad en las ciudades sigue desbordada, los índices de criminalidad son muy altos, y fuera de eso, la reforma a la justicia está muy lejana de ser una realidad debido a que la misma ministra de justicia, como dice el senador José Obdulio Gaviria, no se sabe dónde está.

Mientras la justicia no se reforme y no se dé la lucha para hacerlo, la seguridad tampoco va a mejorar en las ciudades. La guerrilla del Eln sigue campante en Cuba, sin ningún inconveniente; el acuerdo de paz que tanto criticaron sigue avante, el Gobierno sufre derrota en la Cámara con las objeciones, la reforma tributaria del año pasado fue insuficiente, los empresarios no se sienten motivados, el precio de la gasolina toca sus máximos históricos, el precio del dólar está en un valor muy alto, la confianza en las instituciones no se recupera, el paro indígena del que recién salimos ha dejado grandes perdidas y perjuicios a una comunidad productiva e importante del país, se avecinan más paros, el Gobierno ha decidido hacer genuflexión ante cada uno de los paros que se le presentan y hay una sensación total de ingobernabilidad en este país.

Como van las cosas, todo se está dando para que la izquierda llegue al poder en el 2022. Los ciudadanos no sienten ningún cambio, algunos acusan que estamos en una continuidad del Gobierno de Juan Manuel Santos, y en ese mismo sentido se tiene claro que como es el desayuno así va a ser la comida. Duque tuvo un respiro por cuenta del asunto de Venezuela pero de inmediato se cayó y el cerco diplomático no funcionó; lo que logró Duque fue indisponernos con Rusia y Estados Unidos, pues tampoco hay avances significativos en la reducción de las hectáreas de coca sembradas en el país.

Es bueno que el Gobierno deje a un lado a los aduladores, a quienes dicen que todo va bien y escuchen realmente las personas que quieren que el país progrese y que acepten que las cosas no van bien, no se están manejando bien, y no puede ser que un paro indígena que se resuelve con dinero de los colombianos sea el salvavidas de la ministra del Interior, Nancy Patricia Gutiérrez, que no tiene cómo justificar una pésima gestión desde que ha llegado a ese importante cargo.

En tal virtud, si este Gobierno no cambia de mentalidad es necesario que a través de grupos empresariales, políticos e influenciadores empiecen a ejercer presión porque de lo contrario el país sin un Gobierno con peso, que demuestra inexperiencia, ligereza y poca profundidad en conocimientos, vamos camino al abismo.