El presupuesto deficitario

Por: Eduardo Verano de la Rosa


Auditorio distinguido, con la presencia de nuestro amigo Pepe Tudela y otros académicos expertos en democracia moderna y descentralización política procedentes de España quienes llegaron al Atlántico gracias a la colaboración de la Fundación Manuel Giménez Abad y la Universidad del Zulia para hacer, entre otros asuntos, la presentación de dos libros: “Estado Regional. Parlamentarismo y terrorismo como retos del Estado contemporáneo” y “Juan José Nieto. Referente Caribe”.

No disertaré acerca del contendido de los libros. Solo diré que son obras colectivas que sirven para fortalecer la democratización de nuestra democracia. Sí, democratizar nuestra democracia, a priori parece una contradicción que una democracia requiera democratizarse.

No lo es, en circunstancias en la que la democracia se ha institucionalizado de la manera centralista como se ha hecho en el país a partir de la reforma constitucional de 1886.

No debemos pasar por alto que en ese año se destruyó el régimen federal y se transitó hacia un modelo centralizado del poder político que excluye a las regiones periféricas del derecho de autogobierno y que las ha reducido a meros aparatos administrativos, sin recursos -que le han sido expropiados-, sin poder fiscal, tributario y sin libertad política para tomar decisiones autónomas.

“La verdadera libertad es reconocimiento”, enseña Goethe. Una máxima que presenta un alto contenido de sabiduría práctica anclada en la tradición y que se transmite de generación en generación.

Es que si no se nos reconoce no tenemos libertad política, dice la 874 del genial Goethe es su obra filosófica “Máximas y reflexiones”. La libertad política empieza por el derecho a expedir leyes propias. Si las regiones periféricas no lo pueden hacer para su autogobierno, no existe, de allí que se justifique la regionalización mediante el instrumento de la descentralización.

Sin Parlamentos regionales no es posible alcanzar lo anterior. Existe un Congreso nacional que se ocupa de lo divino y lo humano en materia de gobierno en todos los rincones de la Nación. Esto no es justo y menos razonable. El Parlamento, el Gobierno y la justicia nacional deben ocuparse, de forma restrictiva y limitada, a los asuntos nacionales.

El Parlamento y el Gobierno nacional no deben inmiscuirse en temas regionales o locales. Entre otras cosas, porque como sabiamente dice el refrán popular: “el que mucho abarca poco aprieta”. Esta es una de las causas del desgobierno y la elevada corrupción en el país.

Los temas regionales deben ser tratados, en forma exclusiva, por parlamentos regionales, que no existen y se requiere crearlos.

Insisto con el genio de Goethe. La verdadera libertad es el reconocimiento al derecho de autogobierno de todos, del derecho a expedir leyes propias que nos interesen realmente. No somos tratados como mayores de edad y nos siguen viendo, desde 1886, como niños que necesitan tutores.

Termino recordando al Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha de Cervantes: “La libertad, Sancho, es uno de los más preciosos dones que a los hombres dieron los cielos; con ella no pueden igualarse los tesoros que encierran la tierra y el mar: por la libertad, así como por la honra, se puede y debe aventurar la vida”.

Lean y estudien estas obras. No desfallezcamos en la lucha histórica por la regionalización. Es una lucha de todos.