El problema no es más educación, sino otra educación

La educación, en su totalidad, tiene que ser una vivencia de lo que se experimentará en el trabajo, en la vida, en comunidad, y en la familia.

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Cada año más de 450 mil bachilleres buscan un cupo en la educación superior en Colombia y, por lo menos, otros 100 mil ciudadanos también lo intentan. Todos esperan que lo que van a aprender allí les permita habilitarse para competir exitosamente en el mercado laboral y profesional. Por supuesto, muchos esperan pasar por una experiencia de vida que les deje satisfacciones y buenos ingresos. 

Pero surge un problema que aparece cuando el joven o el ciudadano, graduado recientemente de bachiller, empiezan a darse cuenta de que estos aprendizajes no los van a conectar con la vida laboral que buscan. Mucha cátedra, mucho contenido, mucha teoría y de práctica, más bien poco. Lo que les enseñan no necesariamente lleva a algún aprendizaje útil. En el inmenso universo de contenidos, aparece muy poco el fomento de la creatividad, el liderazgo y muy escasas prácticas para la toma de decisiones, que es como hay que moverse en la vida de hoy. 

Me cuesta trabajo creer que alguien esté feliz, después de pasar hasta 5 años de su vida en apenas un primer envión en la educación superior —y eso sin hablar de lo que cuesta—, y luego ir a recibir pingües ingresos o nada. Porque al momento de buscar trabajo, el mercado laboral es exigente, y, además, las competencias necesarias para el desempeño se mueven más rápido que lo supuestamente aprendido. Y para no ser tan meramente crítico, en realidad, lo que quiero compartir es una reflexión sobre la educación que necesitamos: flexible, corta y modular, con altas dosis de ayudas tecnológicas, conocimientos y experiencias globales, y, por supuesto, con muchas y novedosas dosis de práctica.

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La educación tiene que ser una vivencia para todas las personas

La educación, en su totalidad, tiene que ser una vivencia de lo que se experimentará en el trabajo, en la vida, en comunidad, y en la familia. Sin embargo, el drama se profundiza, porque la vida se trata, todo el tiempo, de decisiones y práctica, que es precisamente lo que le falta a nuestra educación en general. Por otra parte, como en todo, reconozco que hay instituciones, aunque pocas, que están haciendo muy bien las cosas.

Y solo para mencionar la pertinencia sobre nuestra educación básica y media, anoto mi opinión acerca de su cada vez mayor distanciamiento de sus obligaciones, donde no tienen sentido esos bonitos mega colegios, sin laboratorios, sin proyectos de práctica, sin conexión a Internet o sin redes de datos. Así es como, en realidad, funcionan hoy la inmensa mayoría de nuestros colegios. Y termino con la mención de otro problema, en el que se debaten cerca de 10 millones de colombianos que, ya sea por su edad de más de 28 años, su situación económica o familiar, o su obsolescencia en las competencias para el desempeño, no encuentran dónde habilitarse laboralmente a un buen nivel y a la medida.

Por: Darío Montoya, emprendedor

Este contenido hace parte de la octava edición de Revista 360 que cuenta con la participación de más de 70 invitados de todos los principales sectores económicos, productivos y políticos de Colombia. Ministros, líderes gremiales, líderes en áreas de la construcción, sectores bancarios, logística e infraestructura, telecomunicaciones, gobernantes regionales, analistas, economistas, entre otros.

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