El terror

Por: Fernando Londoño         

Es apasionante seguir el pulso de la Historia, para comprobar cómo se repite. Esta etapa de terror en la de Colombia, tiene su correspondencia en la que se vivió en la Revolución Francesa. Guardadas las distancias, es  lo mismo: el fanatismo extremo, los Tribunales corruptos, la bajeza de los motivos, la manipulación de las conciencias, el circo de la crueldad.

El terror en Colombia empieza con la llamada parapolítica, que le sirvió a unos jueces que nunca practicaron la justicia, sino que le abrieron espacio a sus odios y resentimientos para destruir decenas de vidas inocentes, acusando a sus víctimas de aliarse con paramilitares para ganar elecciones y ejercer el poder. Recordemos a los presidentes del Congreso de la República que fueron víctimas de esa atrocidad.

Se nos ocurre empezar por Mario Uribe Escobar, primo del Presidente Uribe Vélez y determinante factor en los éxitos primaverales de aquel gobierno. Sobrado de votos y merecimientos, terminó acusado de ganar elecciones “atípicas” en pueblos de Córdoba y llevado a la cárcel después de recorrer todos los peldaños que conducen a la ignominia.

Miguel Pinedo Vidal fue congresista ejemplar y jefe indiscutible del liberalismo de Magdalena. En aquellas elecciones de 2.002, no quiso hacer campaña en el interior del Departamento para no correr el riesgo de tropezar con los matones que pululaban en la zona y a quienes odiaba y despreciaba. Elegido Senador, lo procesaron, humillaron y condenaron por un puñado de votos que se consideraron “atípicos” en un corregimiento de Santa Marta, que no se tomó Pinedo la molestia de visitar durante la campaña. Pero con algún testimonio comprado por la Fiscalía, lo llevaron también al cadalso.

Ciro Ramírez y Luis Humberto Gómez Gallo, fueron senadores conservadores y también presidentes del Congreso que contribuyeron en alta medida a configurar la mayoría parlamentaria que acompañó a Uribe en su primer Gobierno. Nunca necesitaron votos paramilitares y jamás se asociaron con alguno de esos bandidos. ¿Pero para qué son los testigos falsos? Para arruinar la vida de políticos como ellos, es la respuesta correcta.

También del Tolima, pero del partido Liberal es el Senador y Presidente del Congreso Carlos García Orjuela. Tuvo que sufrir todas las infamias de los falsos testigos y después de años de prisión fue absuelto por la Corte Suprema de Justicia.

Mauricio Pimiento será el único de esta lista que no haya sido Presidente del Congreso. Pero iba a ser Presidente de la República, el primero costeño desde don Rafael Nuñez. Firme, intachable, excelente orador, parlamentario eximio, vio su carrera y su vida destruidas por otro testigo falso, por una Fiscalía detestable y jueces politizados.

El Terror con los parlamentarios cesó, porque se acabaron los objetivos de estos Comités de Salud Pública y Tribunales Revolucionarios.

Nos tocó en suerte una nueva ola del terror revolucionario, con el invento que parecía invencible, la bomba lapa. Era una guillotina sin la molestia del juicio previo y sin la espectacularidad de la carreta. Lo que no podía fallar, falló y sobrevivimos. Los bandidos que están en La Habana y que se reunían todos los días con Enrique Santos Calderón no pudieron asesinarnos. Pero el Terror continuaría.

Y es cuando empieza la novela barata de las chuzadas para desprestigiar a la Corte y de las compras de conciencia para reelegir al Presidente Uribe. Sin perjuicio de una mezcla de todo aquello, con la que el “INCORRUPTIBLE” liquidó a Luis Alfredo Ramos, quien tenía grave prontuario:  el mejor Alcalde de Medellín, el mejor Gobernador de Antioquia, primer Presidente del Congreso en el Gobierno de Álvaro Uribe y firme candidato a la Presidencia de la República.

A las carretas de la ignominia y el cadalso fueron Alberto Velásquez y Bernardo Moreno, Sabas Pretelt y Diego Palacio, Jorge Noguera y María del Pilar Hurtado. Han pasado los meses y los años, y no hemos podido oír la primera conversación chuzada. Eso no importa, por supuesto. Robespierre nunca necesitó pruebas para condenar a nadie. Bastaba que acusara, para que el desgraciado subiera al cadalso.

Quedaba faltando la cereza del ponqué. Y el Fiscalito la pone con el hermano y los hijos del Presidente Uribe y con Oscar Iván Zuluaga, el limpio ganador de las elecciones que se robaron Juanpa y los suyos.

Pero el país está hastiado de estas violencias, repugnado con los ridículos espectáculos en que se utilizan los jueces para consumar el odio mediocre de los detentadores del poder. Y algo muy grave puede ocurrir aquí. Con un pueblo arruinado y hambriento, no se juega. El Terror se devuelve contra quienes lo usaron como maldito instrumento de sus bajezas. Recuerden lo que pasó con el “INCORRUPTIBLE” en Termidor. Lo que viene, vendrá sin que nadie lo proponga. Es la fuerza incontenible de la Historia la que pondrá las cosas en su sitio.