En movilidad, tenemos que recuperar la cultura ciudadana y apostarle a las pequeñas obras: Santiago Silva

Por Santiago Silva Jaramillo

“El puente Intraurbano más grande de Latinoamérica”, así nos vendieron el puente “Gilberto Echeverri Mejía”, de la calle 4 sur de Medellín. Y es una impresionante obra de ingeniería, nadie lo niega, pero la acción estatal no se puede (ni debe) medir por sus proporciones, o por su tamaño comparado con los de otras ciudades o países, sino por su impacto en la resolución de los problemas públicos de los ciudadanos de Medellín.

Y eso es precisamente es lo que no logra el puente de la 4 Sur. Por muchas razones, pero sobre todo, porque las obras que deberían acompañarlo (en las entradas y salidas del puente) no las han hecho o no las van a hacer.

El asunto es que en la construcción de vías y la adecuación de la movilidad en la ciudad, premiar las grandes obras por encima de las pequeñas intervenciones no parece estar dando los resultados esperados. Las intervenciones más localizadas, de resolución de pequeños problemas viales (ajuste de tiempos en los semáforos, reparcheo y ampliación de la malla vial, entre otros) suponen la mejor herramienta para atender los problemas de los ciudadanos en sus recorridos diarios por las calles de Medellín.

Por otro lado, el comportamiento de conductores y peatones en las calles también determina la salud de la movilidad de la ciudad. Primero, porque durante las congestiones o complicaciones lo “peor” de las personas suele salir a relucir, empeorando situaciones que ya son complejas. Segundo, porque el cumplimiento de las normas de tránsito puede hacer mucho –sin requerir de grandes inversiones- por mejorar la experiencia de los ciudadanos cuando se desplazan dentro de Medellín.

La cultura ciudadana se apega a la idea de la conmiseración, a la capacidad de ponerse en los zapatos del otro, asumiendo los intereses colectivos por encima de los individuales. Una apuesta en este sentido debe apuntar a incentivar la cooperación de los ciudadanos en sus desplazamientos diarios, la adscripción a las normas de tránsito y comportamiento vial, y la posibilidad –efectiva y respetuosa- de felicitar buenos comportamientos y mostrar los errores en los malos.

En efecto, Medellín debería reivindicar las pequeñas intervenciones viales y el buen comportamiento ciudadano en términos de movilidad. Superar la lógica de cortar cintas, reconociendo que los pequeños cambios pueden lograr mucho más que algunas mega obras, y que por encima incluso de esto, una mejora sustancial en el comportamiento vial de los ciudadanos puede ayudar a resolver el problema público de la movilidad de la ciudad.

Alcalde medellin