El mundo de la moda ha cambiado drásticamente desde 2006, pero el terror que infunde el sonido de unos tacones de aguja en los pasillos de Runway permanece intacto. Este 30 de abril de 2026 marca el regreso más esperado del cine contemporáneo: el estreno de ‘El Diablo Viste a la Moda 2’ (The Devil Wears Prada 2).
Bajo la dirección de David Frankel y con un guion firmado nuevamente por Aline Brosh McKenna, la secuela no solo apela a la nostalgia, sino que se sumerge de lleno en la cruda realidad de la industria editorial actual.
Panorama general: La historia nos sitúa veinte años después de que Andy Sachs (Anne Hathaway) lanzara su teléfono a una fuente en París. Sin embargo, el glamour de las revistas impresas hoy se enfrenta a un enemigo más implacable que la propia Miranda Priestly: la obsolescencia digital.
En esta entrega, Miranda Priestly (Meryl Streep) lucha por mantener la relevancia de Runway frente a la caída estrepitosa de los ingresos publicitarios y un público que prefiere el contenido inmediato de las redes sociales sobre el papel satinado. Por primera vez, el público verá a una Miranda que, aunque mantiene su esencia gélida y perfeccionista, muestra grietas de vulnerabilidad al enfrentarse a un sistema cuyas reglas ya no dicta ella.
El contrapunto lo pone una Andy Sachs madura y consolidada en el periodismo serio. Su reencuentro con su antigua jefa no es el de una asistente sumisa, sino el de dos profesionales que, a pesar de sus diferencias, se necesitan para sobrevivir en un ecosistema mediático voraz.
El Diablo Viste a la Moda 2: El duelo entre Andy Sachs y Miranda 20 años después

El mayor triunfo de esta producción es, sin duda, haber reunido al cuarteto protagonista original:
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Meryl Streep: Regresa para demostrar por qué Miranda Priestly es uno de los personajes más formidables de su carrera.
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Anne Hathaway: Aporta la visión ética y moderna de una Andy que ya no tiene nada que demostrar.
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Emily Blunt: En un giro fascinante, su personaje, Emily Charlton, ya no es la asistente estresada, sino una poderosa ejecutiva de una firma de lujo rival, lo que añade una capa de conflicto empresarial y personal a la trama.
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Stanley Tucci: Vuelve como Nigel, el mentor y confidente que sigue siendo el alma emocional de la historia.
Para quienes ya preparan su regreso al universo de Runway, la cinta presenta una factura técnica diseñada para el disfrute cinematográfico tradicional. Con una duración de 120 minutos, la trama despliega un ritmo vibrante que logra equilibrar la sátira ácida, marca de la casa, con las nuevas tensiones del drama corporativo contemporáneo.
En cuanto a su tono, la calificación para mayores de 13 años asegura que la secuela mantenga esa sofisticación inteligente y accesible que definió a la entrega original, evitando estridencias innecesarias y centrándose en la agudeza de sus diálogos.
Por qué es importante: Una nota importante para los más impacientes: a contracorriente de la moda actual de las grandes franquicias, la película no cuenta con escenas postcréditos. Fiel a la elegancia de su predecesora, la historia opta por un cierre definitivo y rotundo; una vez que la pantalla se funde a negro, el relato queda sellado, sin necesidad de artificios adicionales tras los títulos de crédito.
En última instancia, El Diablo Viste a la Moda 2 no se limita a explotar la nostalgia. Se consolida como un ensayo sobre el poder, la identidad en la madurez y esa pregunta incómoda que resuena en los pasillos de cualquier industria de élite: ¿cuál es el precio real de mantenerse en la cima cuando el mundo que conocías ha dejado de existir?