El rock ha perdido a uno de sus cronistas más ácidos y valientes. Country Joe McDonald, el hombre que convirtió el sarcasmo en un arma contra la guerra y cuya voz resonó como un trueno de conciencia en la convulsa década de los 60, falleció el pasado 7 de marzo en Berkeley, California. Tenía 84 años.
La noticia fue confirmada por su familia, que detalló que el deceso se produjo debido a complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson. Con su partida, se cierra un capítulo fundamental de la contracultura estadounidense, dejando atrás un legado donde la música no solo era entretenimiento, sino un acto de resistencia civil.
Muere Country Joe McDonald, icono de Woodstock y la canción protesta
Nacido en Washington D.C. en 1942, pero forjado bajo el sol y la efervescencia política de California, McDonald fue el arquitecto de Country Joe and the Fish. A mediados de los años 60, su banda se convirtió en una pieza angular del rompecabezas psicodélico de la Costa Oeste. Juntos, expandieron los límites del rock con guitarras eléctricas experimentales, pero siempre con los pies anclados en la realidad social.
Sin embargo, fue su faceta como solista y su mordacidad lírica lo que lo elevó al panteón de las leyendas. En 1967, lanzó la canción que se convertiría en el testamento de una generación: «I-Feel-Like-I’m-Fixin’-To-Die Rag».

Mientras el gobierno de Estados Unidos enviaba a miles de jóvenes a las selvas de Vietnam, McDonald respondía con humor negro y una sátira feroz. Su famoso estribillo se convirtió en el grito de guerra de los movimientos pacifistas:
“Y es 1, 2, 3, ¿para qué estamos luchando? No me preguntes, no me importa un carajo… la próxima parada es Vietnam. Y es 5, 6, 7, abran las puertas del cielo… todos vamos a morir”.
Aquellas letras no solo cuestionaban el conflicto bélico, sino que ponían en evidencia la desconexión entre la clase política y la juventud de la época. Su actuación en el festival de Woodstock en 1969, liderando a una multitud de casi medio millón de personas en un coro masivo contra la guerra, permanece como uno de los momentos más poderosos en la historia de la música en vivo.
Por qué es importante: Aunque su figura quedó inmortalizada en la iconografía hippie, la carrera de McDonald no se detuvo cuando se disipó el humo del Verano del Amor. Durante las décadas siguientes, exploró con maestría el folk y el country, publicando decenas de álbumes que mantenían su esencia narrativa y su compromiso político.
En sus años maduros, Joe se transformó en un guardián de la memoria. Se dedicó a documentar la historia del movimiento contracultural y participó activamente en conferencias y festivales, asegurándose de que las lecciones de los años 60 no fueran olvidadas por las nuevas generaciones.
Hoy, la comunidad musical e historiadores del rock lamentan la pérdida de un artista que entendió que el arte tiene el poder, y a veces el deber, de incomodar al poder. Country Joe McDonald no solo tocó la guitarra; le dio voz a un sentimiento de justicia que, al igual que sus canciones, se resiste a envejecer.