Hay artistas que dependen de la moda para llenar recintos, y hay otros que se han convertido en parte del inventario emocional de un continente. Ricardo Montaner pertenece, sin duda, al segundo grupo. El pasado 9 de abril, el Movistar Arena de Bogotá fue testigo de cómo el intérprete ha dejado de ser un fenómeno de radio para erigirse como una leyenda viviente que une a generaciones, desde adolescentes hasta adultos que rozan los 70 años.
La velada inició con la energía de Josefe, un joven talento caleño apadrinado por la familia Montaner, quien con piano y trompeta preparó el terreno para la gran entrada. A las 9:00 p.m., bajo una ovación ensordecedora, Montaner apareció en escena con su característico estilo: un elegante esmoquin negro combinado con sus ya icónicos tenis blancos, iniciando el viaje con el clásico “Yo que te amé”.
Ricardo Montaner en Bogotá: Una noche de clásicos y gratitud en el Movistar Arena

El repertorio fue una curaduría de su historia personal y musical. Temas como “Será”, “Castillo Azul” y “El poder de tu amor” mantuvieron la intensidad emocional en lo alto, cerrando el primer bloque con “La cima del cielo”. Tras una pausa para conectar con su público, el artista compartió con naturalidad su fe, revelando que siempre pide a Dios poder llevarse el rostro de sus seguidores como un regalo antes de terminar cada show.
Consciente de las expectativas, Montaner ofreció un generoso popurrí para no dejar fuera ningún recuerdo. Sonaron ráfagas de “Solo con un beso”, “Ojos negros” y “La chica del ascensor”, satisfaciendo incluso a los críticos más exigentes. La energía se transformó luego en una fiesta tropical con “Cachita” y “Vamos pa’ la conga”, demostrando que su versatilidad sigue intacta a sus 68 años.
Por qué es importante: Uno de los momentos más íntimos llegó cuando recordó su infancia y el paso de su natal Argentina a Venezuela. Con la voz cargada de gratitud, agradeció a Colombia por el abrazo que hoy le brinda a sus compatriotas venezolanos. “Colombia abraza a miles de venezolanos, tal como Venezuela abrazó a aquel niño argentino”, expresó antes de interpretar temas tradicionales acompañado por el maestro del cuatro, Eduardo Ramírez.
Hacia el final, la espiritualidad tomó el centro del escenario con “La gloria de Dios”, un mensaje de esperanza que el artista siempre busca sembrar en sus conciertos. La noche cerró de forma apoteósica con el himno “Tan enamorados”, dejando en el aire la sensación de que, aunque el tour se llame «El Último Regreso», la conexión de Montaner con su público bogotano es, en realidad, eterna.
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